El triunvirato idéntico de Fox, Calderón y Peña

Los tres oficiaron con idénticos rituales administrando redes de poderosos intereses de la elite

Una cosa es cierta: la figura del presidente López Obrador pasaría “normal”, casi de noche, si hubiera seguido los pasos de Fox, Calderón o Peña Nieto.

Vistos esos sexenios en retrospectiva, prácticamente fueron de la misma marca. Casi iguales. Los estilos personales con algún acento, pero nada de fondo que los diferenciara radicalmente.

Hermanados incluso, por la frivolidad y el vacío individual, los de Fox y Peña. En ambos casos una mujer, en múltiples circunstancias y periodos, concentró poder, brillo y atención, para mal del país desde luego.

El protagonismo ambicioso, veleidoso e intrascendente de las damiselas que acompañaron a Fox y Peña fue inaudito, intolerable. Porque incidían en las decisiones del poder, compartían el gobierno…

(De paso sea dicho, las legiones que hoy, todos los días, hacen trizas al presidente porque vuela una mosca, callaron estos escándalos del ayer).

Pero en lo demás, oficiaron los tres con los idénticos  rituales ortodoxos del ejercicio del poder en México: administrando las redes de poderosos intereses de la elite, bien portados, y repartiendo el juego entre círculos de adictos sexenales. Diríamos  que pastando mansamente en el corral del poder económico.

No tocando intereses aquí, tampoco allá, compensando a uno cuando se le quitó a otro grupo una concesión, una gran cuota de poder. Privilegiando las redes afines a modo de círculos concéntricos, con el poder presidencial en el centro.

Pero no alterando frontalmente “lo de siempre”, a las grandes familias del dinero, a los  barones de acá asociados con los estadunidenses, españoles y canadienses.

Salvaguardando las redes de importadores de combustibles, transportistas, pulpos del área de medicinas, líderes sindicales, concesionarios de las cárceles, mafias de transporte y venta en torno a Pemex y toda una red de beneficiarios del poder, tras bambalinas.

De igual forma, cuidando, protegiendo, negociando o asociándose, con los núcleos de privilegiados de algunos estados a través de sus gobernadores.

Ese triunvirato dividido en tres sexenios ofreció, cada uno en su tiempo, el cambio.

Fue una postura falaz en tres tiempos.

Tres personas distintas, el mismo estilo verdadero.

Nada cambió. Manos de gato, pinceladas, ajustes, fachadismo aquí y allá, pero…incólumes los intereses creados.

Llega un gobernante con la pretensión no sólo de un cambio de gobierno, sino de régimen, y entonces tiene que toparse con toda clase de obstáculos.

El arranque y el curso, con un tercio de sexenio superado, debió partir del abismo en muchos casos. Uno de ellos, el sistema de salud heredado, desmantelado, y con una pandemia encima.

En otros prácticamente con las manos atadas. Una especia de camisa de fuerza puesta. O un orden impuesto. So pena de que si algo se alteraba, rectificaba o registraba un cambio radical…se caería el mundo.

Un flanco: el de los organismos autónomos del poder.

Sus hoy defensores los idealizan como cuerpos impecables, celestialmente imparciales, con orígenes níveos y funcionarios impolutos. ¡Pamplinas…!

Todos, todos, tienen en su constitución la mancha del pecado original. Fueron producto de cuotas de poder de los partidos, recomendados de los presidentes, usados para bendecir candidatos, elecciones o traspasos del poder manchados. Para esconder o manipular información, para proteger monopolios o enormes intereses.

Han sido, con excepciones circunstanciales al paso de los sexenios, los guardianes externos, periféricos, del poder presidencial.

Hoy otro poder los cuestiona, los toca, los reforma.

Y presentan esto como autoritarismo, como sacrilegio.

¡A otro perro con ese hueso!

Un gran número de los hoy abajofirmantes (muchos de ellos, los mismos de ayer…) guardaron silencio cuando ese orden prevaleció. Cuando los rituales del poder obedecían a un concierto de intereses en donde cada estamento tenía su sitio, su cuota, sus canonjías, sus contratos, sus rebanadas en el banquete de los intereses inamovibles.

Si no se estuviera  pinchando con una espada esa nervadura de cuotas, costras de privilegios, minas inauditas de lucro y explotación, el presidente pasaría…como siempre.

Con loas, aplausos, genuflexiones, buena prensa, confeti y serpentinas.

Es cierto, no  solo por esto sufre una tormenta de críticas, también le llueve por motivos ideológicos que tienen como combustible el fanatismo, la intolerancia y la soberbia.

También por yerros evidentes, algunos de fondo, otros de forma, unos más inverosímiles. Y también existen  aquellos que se nutren en la torpeza o la soberbia del poder.

Esto es así, es lo concomitante del ejercicio del poder en todas partes.

El error, el grave error es que sus adversarios lo quieran, imaginen o le exijan la perfección y la infalibilidad de un dios.

Exactamente eso mismo que no le pidieron al triunvirato de los últimos 18 años.

Y el error está, del mismo modo, que sus huestes cercanas lo supongan, igualmente, como una deidad inequívoca.

xgt49@yahoo.com.mx

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