Eduardo Rivera y los empresarios

¿Estamos viendo el embrión de la tradicional disputa entre el presidente municipal y el gobernador?

El conflicto que de modo indirecto ha involucrado a la Universidad de las Américas-Puebla ha metido ruido en el clima político de Puebla. Y es que tiene varias aristas.

En efecto, la afectación de la vida en la UDLAP es una de las consecuencias, pero no la causa. Pero como se trata de una institución de alto prestigio, su trastocamiento salpica la vida pública con múltiples comentarios negativos para todos.

Haría falta que la autoridad puntualizara el fondo y efecto de ese complicado asunto.

Ya se ha hecho, pero de modo parcial, incompleto. Acaso sería preciso machacar con comunicación clara, objetiva y suficiente. No hacerlo así daña, entre otras entidades, al gobierno del estado. Y resulta que este no es protagonista central sino periférico en ese escándalo.

La UDLAP, por otro lado, todos lo sabemos, es una de las instituciones con más prestigio en el país y esa buena fama acompaña el éxito de sus egresados. Este hecho merece ser tratado con pinzas, fortaleciendo ese nivel de calidad que enaltece a Puebla.

La sustancia del conflicto es un uso doloso del capital de la Fundación Jenkins por los descendientes del fundador. Eso está en manos de la justicia y tendrá que ir a fondo para hallar responsables, sancionarlos y recuperar los cuantiosos recursos (más de 7 millones de dólares) para reencauzarlos hacia su destino.

Sin embargo, esto que aludimos es como el cuerpo del iceberg, lo que brota en la superficie es la parálisis de la UDLAP. Y este hecho suscita una montaña de comentarios, la mayor parte infundados, confusos, insuficientes o falsos.

Una variante de este espinoso asunto es el papel activo que han pretendido asumir algunos empresarios de los órganos patronales de Puebla. Prestos a tomar cualquier bandera, de inmediato le entraron al problema dirigiendo severas críticas al gobierno poblano, donde encontraron inmediata respuesta. Ambas partes, por cierto, utilizaron un lenguaje tristemente bajuno, retrato fidedigno de los protagonistas.

Pero el punto no es ese, sino las consecuencias futuras de todo esto.

Parte de estos empresarios, son los mismos que han tomado como propia la victoria de Eduardo Rivera. El presidente municipal electo de inmediato ha sido arropado y copado por grupos empresariales, sin que resulte difícil imaginar que esa estrategia de alineamiento de los señores de los negocios bajo el manto de una inspiración pura y santa no esconde otros fines.

Es reiteradamente sabido que ellos van invariablemente tras sus intereses, no los de la comunidad. Muchas veces, en el pasado añejo y reciente, se ha visto que su cercanía con el poder es en pos de contratos, concesiones, cargos o puestos de elección. Han enseñado la cola -y las garras- reiteradamente.

En vísperas de la asunción del alcalde, han obtenido un sitio prominente en los cortejos, con comidas y juntas y muy probablemente ven más allá, es decir, darle escenario y trampolín al gobierno de la capital para dos fines: hacer contrapeso al gobernador del estado, y construir esa candidatura para la próxima administración estatal.

Eso está en la lógica del empresariado poblano, que se ha visto en otras ocasiones. Como dijera el refrán, “suben tan alto que se les ve la cola”.

Sólo que aquí se van a topar con un hueso duro de roer. Sería ingenuo pensar que tomen la presidencia como revancha y a Eduardo Rivera como ariete, sin obstáculos en el horizonte.

Y lo que pudiera suceder en este intento de juego de vencidas son dos cosas: que lleguen a un punto de choque frontal con el gobernador, donde ya se ha visto que la mecha es corta; o bien que empujen a Rivera por una ruta suicida con resultados desastrosos para todos. Empezando por él mismo.

Debe anotarse que este es el primer conflicto en el que aparecen, pero no será el único.

Coincidentemente, en estos días el gobierno del estado frenó tajante la disputa por el terreno que les había donado para hacer el edificio empresarial.

Ahí hubo lectura de cartilla y las cosas quedaron muy claras.

Ahora buscan ser parte del problema de la Fundación Jenkins, y estarán atentos para inmiscuirse en otros asuntos, de eso no hay duda, así ha sucedido y la historia local lo registra.

Por su propia ruta de flotación futura, dado que está en la esfera de influencia del gobernador Barbosa, quizá al presidente electo le resultaría conveniente un deslinde expreso, firme y público respecto de los juegos empresariales, si es que en efecto desea llevar la fiesta en paz con el poder real, o, en su defecto, admitir que está por inaugurar una nueva versión de la cíclica disputa trianual de estos dos poderes.

xgt49@yahoo.com.mx

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