A escena, cambio de rector en la BUAP

La sucesión rectoral en la BUAP, un asunto controvertido y espinoso que debe ser transparentado

Con más de 70 mil estudiantes y 5 mil profesores, la BUAP elegirá rector días antes del 15 de septiembre. Es sin duda una de las universidades públicas más grandes de México.

Ha sido cuna y forja de valiosos y respetables catedráticos. También, chispa y núcleo de importantes movimientos sociales y políticos con fuerte impacto en Puebla y el país. En ciertas etapas, su contribución a la democracia y a las ideas progresistas ha sido relevante.

No es una universidad del montón. Por sus pasillos y auditorios han pasado figuras trascendentes de la vida pública del país y extranjeros en distintos tiempos. Su vida, como factor político, ha dejado huella.

Siempre ha manejado un presupuesto mayor que el del ayuntamiento de Puebla capital. Esto, más su peso político, ha sido atractivo para el rectorado. Se la ha usado, sobre todo en los años recientes, como trampolín de politicastros y negociantes abusivos de toda laya.

Esa es la otra cara de la universidad, la poco conocida, pero de la que se habla ampliamente en voz baja en los pasillos. Muchos cuentan las cadenas de abusos, y las anécdotas de los excesos.

Personajes bajunos han pasado por la rectoría. Algunos imitadores de Santana, de Salinas, de Javier Duarte. Toda una escala zoológica. Serían pintorescos de no vestir el ropaje grotesco y punible de la delincuencia.

Uno utilizó la rectoría como caja chica para crear un serrallo. Docenas de féminas recibieron costosísimos obsequios como parte del cortejo. La generosidad ilimitada para llegar a la alcoba…por cuenta de la BUAP.

Todos hicieron notables fortunas. Uno más emergió como dueño de universidades en Puebla y varias partes del país, además de constructor exitoso y político fracasado. Un día fletó un avión completo para llevar claque a una presentación en la Feria del Libro de Guadalajara.

El libro, por cierto, tuvo casi la misma suerte del de Moreno Valle: el más promocionado y el menos leído en la historia del país.

Los viajeros paniaguados recibieron trato de lujo por el patrocinador.

Todos estos actores olvidan que la sombra del ser humano es la que todo el tiempo de vida los habrá de acompañar. Esa penumbra personal sólo desaparece con la muerte.

El rector Alfonso Esparza no escapa al recuento final. Presionado por dos gobernadores. Con uno pactó finalmente. Con el otro, no se ha dicho la última palabra.

Moreno Valle le impuso un costosísimo proyecto para construir una torre de más de 15 pisos en la Ciudad Universitaria. La obra no tenía razón ni sentido. Se aprobó con cuñas por el Consejo Universitario. Su costo original, más de mil 700 millones, más lo acumulado en los años recientes.

Fue ideado bajo la premisa que rige en los cargos públicos en México: haz obra; entre más obra…”más sobra”.

Se cuenta que el fallecido gobernante tomó su tajada y dejó escriturada la obra para la rectoría. En los corrillos universitarios circula sotto voce que la dichosa obra fue encomendada a una constructora de un pariente cercano del rector Esparza.

Otro escándalo del actual rector es el que vincula a su hija con el negocio del equipo de Futbol Lobos-BUAP, asunto no cabalmente resuelto. De cualquier forma, el anterior y éste forma parte del grueso expediente que, eventualmente, podría volverse factor negociable en este momento de sucesión rectoral.

Este legajo está en manos del gobernador Barbosa y ha sido laboriosamente integrado, entre otros, por el titular de la Auditoría Superior del Estado, Francisco Romero Serrano. De más está decir que este funcionario figura entre quienes calientan los hierros en el tenamazcle.

Este personaje, dice la conseja popular, tiene saldos pendientes con el contador Esparza, entre los que se incluyen también ciertos vínculos que le atribuyen con una sociedad en empresas que le prestaban servicios de outsourcing, con cuantiosos recursos, a la Benemérita.

Estos negocios fueron liquidados recientemente, a raíz de la política federal de suprimir o regular este tipo de contrataciones. Una raya más al tigre.

Esta es pues, la faceta de la BUAP que poca luz recibe de los reflectores públicos, con frecuencia porque muchos medios son acallados con el mismo método que por décadas han empleado los gobiernos del país: pago para que ocultes.

No deja de ser triste y reprobable que una institución de tal prestigio recurra a los vicios y corruptelas que forman parte de esa pasta podrida que ha dañado tan severamente a la buena fama del quehacer público de México.

En la sucesión rectoral figuran varios aspirantes, tres o cuatro con reales posibilidades, el resto con horizonte limitado.

La doctora Lilia Cedillo Ramírez es vista como la probable candidata del rector Esparza y quien mejor cuidaría su salida. Tiene méritos aunque algunos le niegan temple de mando; la sitúan también como herencia y vínculo con el exrector Enrique Aguera.

Relatan una anécdota que, en todo caso, algo aporta a su carácter. Refieren que en cierta ocasión el rector en funciones autorizó a personeros de Antorcha Campesina la utilización de una parte del Complejo Cultural Universitario. Llegaron ante ella, como titular de esa área, y con ínfulas y prepotencia exigieron cumplir la indicación.

Ella, con cordialidad pero con firmeza, los paró en seco y les dijo:” señores, mi respeto para el rector, pero aquí la responsable soy yo y tengo que cumplir estos lineamientos.” Y se acató su orden.

Si doña Lilia no llegara a ser, opinan algunos observadores universitarios, querrá decir que desde el gobierno federal le amarraron las manos al rector Esparza.

El investigador Francisco Vélez Pliego en el apellido lleva la fama. Es parte de una dinastía que ha vivido al amparo de la universidad y ha encabezado un órgano que en la universidad se identifica peyorativamente con el mote de “el instituto Ponchito”. Él le ha exigido al rector piso parejo en la contienda, sin embargo le atribuyen cercanía con la esposa del presidente AMLO, quien es investigadora de esa institución.

Al adjudicarle tal cercanía, citan ese factor extrauniversitario como una posibilidad potencial no alineada con la voluntad de Esparza y sí, en cierto modo, con la posibilidad de acomodarse en la estrategia del gobernador Barbosa, si este decidiera utilizar esa carta.

Vélez es esposo de Catalina Pérez Osorio, secretaria de Gobernación del ayuntamiento de Puebla, y a quien también ligan al círculo amistoso de doña Beatriz Gutiérrez.

Guadalupe Grajales y Porras, quien fue separada abruptamente de la Secretaría General de la BUAP en días recientes, so pretexto de ser juez y parte en la competencia rectoral, es esposa de Roberto Vélez Pliego, de la citada familia, y a quien, para variar, también ligan a la esposa del Presidente.

Rosa Isela Avalos Méndez es la abogada General de la BUAP y junto con los catedráticos Ricardo Paredes Solorio y José Antonio Robledo Meza, conforman el grupo de aspirantes.

En este ambiente, el fin de semana apareció un pronunciamiento (por cierto plagado de muestras de un lenguaje pretendidamente inclusivo) en el que llaman a los universitarios a anteponer a la elección al menos tres temas importantes y urgentes: la renovación del Consejo Universitario, máxima autoridad de la BUAP -para dar legitimidad a la sucesión rectoral-, difundir amplia y suficientemente el perfil de los aspirantes y que los pretendientes a la rectoría elaboren y presenten un plan de trabajo y sostengan debates para contrastar sus propuestas.

Las demandas resultan prudentes y acertadas, máxime si, como se ha dicho, el objetivo real es transparentar un proceso que requiere bases legales incontrovertibles, abandonar modos y modales sucesorios que ha viciado el sistema político del país, y rescatar las huellas y aportes que le han dado a la institución un sitio trascendente en la historia.

Ahí está pues, como en una vitrina, el ambiente que priva hoy en día en la universidad pública más importante de Puebla y una de las mejores del país, pese a todo.

xgt49@yahoo.com.mx

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