La BUAP, autocracia bajo la autonomía

La coyuntura es una oportunidad para el cambio, o bien el peso de los intereses para más de lo mismo

El cambio de rector en la Universidad Autónoma de Puebla debiera ser una oportunidad magnífica para que esa institución se mirase en el espejo. Eso implicaría honestidad y autocrítica.

Claro, hablar así de la institución es algo muy general. Nos referimos a quienes tienen el poder.

Se ha dicho que el gobierno es demasiado importante para dejarlo en manos sólo de los políticos. Algo semejante se podría decir de la BUAP, la universidad más antigua e importante de Puebla.

Es una entidad por definición pública, vive de fondos públicos, sirve a la sociedad, luego entonces está sujeta a la opinión pública.

Sus quehaceres la definen, de igual modo, con un compromiso social: la enseñanzainvestigación y extensión de la cultura. El destinatario es uno: la sociedad.

Ciertamente, goza de una especie de capelo: la autonomía. Que desde luego no quiere decir extraterritorialidad como equivocadamente se ha pensado en el caso de las universidades públicas del país.

La interpretación torcida, turbia y tramposa de esto último ha dado lugar, más de una vez, a verdaderos engendros. Casos como los de las universidades públicas de Hidalgo y Jalisco son ejemplos de ello.

En la primera, escandalosos negocios y lavado de dinero llevaron a la cárcel a su exrector y poder tras el trono, Gerardo Sosa Castelán. En la segunda, el cacicazgo de Raúl Padilla dura ya décadas.

La BUAP, para algunos observadores externos, ha funcionado hace ya largo tiempo como una autocracia. Incluso, han llegado a comparar los excesos y arrogancia de sus sucesivos rectores, con una especie de isla o ejercicio del poder caricatura de Corea del Norte.

Esto, en detrimento de legiones de profesores de muy alta calidad, espíritu de servicio y compromiso vinculado a la sociedad. Y de estudiantes de capas bajas y medias de la sociedad, que han resultado modelo de aprovechamiento y casos de éxito realmente notables. A pesar de sus autoridades.

En razón a esto, la oportunidad que hoy se presenta a la institución, desde fuera, parece inmejorable.

Es decir, predicar con el ejemplo. Si a la Universidad se la define como una institución pública transparente, fundada en el derecho y de cara a la gente de donde provienen sus cuantiosos recursos, lo obligado es actuar en consecuencia.

Diversas voces han expuesto que es una contradicción elemental elegir a un rector cuando su máximo órgano de autoridad, el Consejo Universitario no está legalmente constituido y por tanto fuera de la ley. Primero es el ser y luego la razón del ser.

Si hay conciencia de ello y se pasa por encima de la ley, se pudiera dar el caso de gestar un rector espurio.

¿Con qué cara, una autoridad bastarda, saldría a la vida pública a demandar a los poderes públicos respeto a la ley?

Si algo debiera constituir un basamento sólido del pedestal de toda universidad pública es su respeto a la legalidad, a la transparencia, a las normas democráticas internas.

¿Cómo plantar cara al gobierno si existen lagunas de ilegitimidad, sospechas en los manejos presupuestales o fortunas individuales sin explicación aparente?

La fórmula misma de elección del rector, con ser en su propósito original, innovadora y con espíritu incluyente, en la práctica no es ni ha sido un modelo democrático satisfactorio.

Los análisis internos y externos sobre ese sistema arrojan múltiples ejemplos de simulación, control, prebendas, sometimiento, “disciplina”, y la voluntad primera y última de quien tiene el poder, desea reelegirse, o busca heredarlo.

Una autocracia bajo el paraguas de la autonomía.

Sería este el momento ideal para que una institución como la BUAP se pusiera en sintonía con los vientos que soplan en el país. Romper el clima artificialmente perfecto que reina al interior, dejar la simulación de los aplausos orquestados intramuros, abrir su vida realmente a los ojos de la sociedad.

Ofrecer, desde la investigación y la extensión de la cultura, acciones y obras novedosas, profundas, hondamente populares.

Transitar sin temores y con autoridad moral el camino de la crítica al poder público sin que ello implique ruptura, cerrazón o arrogancia, sino análisis, proposición y ejemplo.

Todo esto no es descubrir el hilo negro, sino apenas compromiso con su origen.

Apenas sería recuperar la naturaleza que caracteriza, en la teoría, a toda universidad pública: centro abierto al cruce de ideologías, parte vigorosa y libre de la conciencia crítica más noble de la sociedad, la juventud estudiosa. Y, vanguardia del pensamiento más lúcido puesto al servicio de la sociedad que es la que le da sustento económico.

De paso, dejar bien claro, su presupuesto no proviene del gobierno, su fuente única y real es de la gente, de todos los estamentos de la sociedad.

La puerta está abierta. Quienes ostentan el poder en la BUAP tienen la palabra, o dan el portazo y más de lo mismo, o se ponen a tono con el país. Si fuera lo primero, los indicadores apuntan que no será por mucho tiempo

xgt49@yahoo.com.mx

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