Cocacola y Afganistán

El espeto por supuesto a todos los creyentes de cualquier expresión religiosa, pero quien no es capaz de plantear de manera abierta los propósitos que tiene una organización no es digno de confianza, para empezar. ¿Y El Yunque por qué se esconde? Pues porque su proyecto que no es popular, que no va a ser respaldado por la gente, es un proyecto que tiene intenciones ocultas: ‘instaurar el reino de Dios sobre la Tierra’ .

El mundo se estremece ante la derrota norteamericana de los llamados Talibán, donde 20 años de su invasión en Afganistán, la realidad los rebasó para obligar al imperio a abandonar a su suerte al pueblo afgano.

La presencia del imperio norteamericano, donde sea, intenta imponer su modelo político y económico, en la mayoría de las veces, mediante las armas, así masacre pueblos. El por qué la parte inicial de el título del presente escrito “COCACOLA”, la tenemos en lo siguiente, extraído del medio iraní HsipanTV:

LA DEMOCRACIA NO ES COMO LA COCACOLA

“Hay que poner fin a la política irresponsable de imposición de valores ajenos desde afuera, a las ambiciones de construir democracia en otros países según moldes ajenos sin considerar las peculiaridades históricas, nacionales, religiosas e ignorando completamente las tradiciones de estos pueblos”, ha subrayado este viernes el mandatario ruso, Vladimir Putin tras su reunión con la canciller alemana, Angela Merkel, en Moscú (capital de Rusia). 

https://www.hispantv.com/noticias/rusia/497638/putin-afganistan-democracia

Para poder irnos dando cuenta el contenido histórico de Afganistán y sus 50 grupos étnicos que lo conforman, es necesario ubicarnos que Siglos después de la muerte de Alejandro, han sido muchos los grandes militares que han tratado de conquistar Afganistán. Quizá el más famoso sea Gengis Kan, quien obligó a su población a refugiarse en las fortalezas. «Los mongoles, al menos, se dieron cuenta de que Afganistán era ingobernable, y que lo mejor era destruirlo, una tarea en la que se emplearon con asombrosa eficacia», explica. Este sanguinario líder fue el único que logró dominar la zona; aquello de la excepción que confirma la regla. Lo hizo a golpe de desangrar, de forma literal, a la población local en el siglo XIII. Sin embargo, no consiguió que aceptaran su control.

Gran Bretaña no pudo tampoco dominar a este pueblo. El primer conflicto entre ambos comenzó en 1839, cuando el imperio británico envió a 16.000 de sus hombres a conquistar Kabul para evitar que Rusia se expandiera todavía más por la zona. El resultado fue un sonoro desastre; hasta tal punto, que la leyenda cuenta que solo sobrevivió un combatiente de todo aquel contingente. En 1878 los ingleses volvieron a intentarlo y, en este caso, el resultado fue satisfactorio. Al menos, hasta 1919. «Ese año, tras la tercera guerra anglo-afgana, y en el contexto del reordenamiento geopolítico que sucedió en la IGM, el país alcanzó su independencia».

No tuvo mejor suerte la Unión Soviética. El Ejército Rojo invadió el país el 27 de diciembre de 1979 con toda su panoplia de armas y hombres. Desde paracaidistas y fuerzas especiales, hasta el KGB. Lo hizo, según los expertos en relaciones internacionales, para evitar que Estados Unidos le arrebatara el territorio tras la derrota en Vietnam. Cosas de la política internacional. Como siempre, Rusia no actuó a medias. En menos de una semana 55.000 hombres ya se habían adentrado en la región, pero, una vez más, no fue suficiente. Durante los siguientes diez años comenzó un enfrentamiento contra la guerrilla islámica que desangró poco a poco al Kremlin.

«La guerra se convirtió en el Vietnam de la URSS. No se le veía fin y la moral de las tropas se derrumbaba entre consumo de drogas y escaso rendimiento», explica John Swift en ‘La invasión soviética de Afganistán’. Al final, allá por 1988 comenzó la retirada de las tropas soviéticas del país. «Aquella guerra sentó las bases para la destrucción de la economía de la URSS y la desintegración del país», explicó el general Borís Grómov, el militar que dirigió la salida de las unidades. Como él, otros tantos oficiales confesaron que era imposible enfrentarse a las tácticas guerrilleras de los rebeldes locales. Combatientes que golpeaban en pequeños grupos para luego desaparecer después de haber envenenado el agua de los rusos.

Las perspectivas de futuro no son buenas: en 1989, cuando se retiraron las tropas soviéticas derrotadas por los muyahidines, estalló una guerra civil entre diferentes grupos a los que solo unía el odio al invasor. Fue mucho más destructiva que la invasión de la URSS. La mayoría de los señores de la guerra de entonces, y la mayor parte de las divisiones étnicas y culturales de un país que se disputan entre otros grupos pastunes, tayikos, uzbecos y hazaras (estos últimos son además de credo chií), se mantienen intactas. De hecho, la llegada de los talibanes al poder entre 1994, cuando tomaron Kabul, y 1996, cuando controlaban ya el 90% del territorio, fue bien recibida por una parte importante de la población y de la comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos.

La percepción cambió después, cuando el mundo comprobó el trato inhumano que daban a las mujeres, la crueldad de su régimen, las violaciones masivas de los derechos humanos y la creciente presencia de Al Qaeda (que llevó por ejemplo a la destrucción de los budas de Bamiyán para borrar cualquier resto cultural no musulmán). Poco antes del 11-S se publicó un libro que se convirtió en un rápido éxito de ventas y que sigue siendo una referencia para entender no solo a la guerrilla fanática, sino la historia de este país: Los talibán (Península, 2001), del investigador paquistaní Ahmed Rashid.

Cabe aclarar que los “insurgentes” afganos contra las fuerzas soviéticas, recibieron armamento y financiadas por el poder económico norteamericano, en los momentos de mayor despliegue militar de EE UU llegó a haber 100.000 efectivos en el país. Tres mil quinientos soldados internacionales han muerto en Afganistán, de los que 2.300 son estadounidenses y 102 españoles. No existe una cifra clara de los afganos que han perdido la vida, pero podría rondar los 70.000 desde 2001. Afganistán ya se ha convertido en la guerra más larga que ha combatido Estados Unidos, más que Vietnam, y se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida cotidiana estadounidense, siendo ya 40 años de guerra.

Sin embargo, qués Talibán? La respuesta la tenemos de La Real Academia Española donde nos dice lo siguiente:

talibán -na. 1. ‘De cierta milicia integrista musulmana’. Aunque en el dialecto del persa que se habla en Afganistán la forma talibán es plural (singular talib), esta voz se ha acomodado ya a la morfología española y se usa talibán para el singular y talibanes para el plural: «El líder talibán estaba rodeado por las fuerzas que negociaban su rendición» (Prensa [Nic.] 7.1.02); «Los talibanes impusieron la ley islámica a la población» (Universal [Ven.] 15.10.96). Se desaconseja el plural invariable Descripción: IMG_256los talibán.

  • Aunque es frecuente su empleo como adjetivo de una sola terminación (ejército talibán, milicia talibán), se recomienda usar para el femenino la forma talibana, mejor acomodada a la morfología del español.

Luego de la intervención norteamericana,  han pasado otros 20 años, dos décadas durante las que la paz se ha borrado de la memoria colectiva. Sin embargo, en una parte importante del siglo XX, existió un país en paz, exótico, peligroso y acogedor a la vez, un lugar en el que buscar las huellas de muchas culturas.

Viente años de presencia norteamericana y de la OTAN, que al final de cuentas no derrotaron al Talibán, siendo que la ocupación estadounidense, para derrotar a los rusos, brindó todo apoyo a los talibanes, mismos que se mantuvieron en sus montañas para combatirlos, diezmando moral y estabilidad psicológica a los soldados norteamericanos y europeos. Me atrevo a decir que Afganiztán es la Vietnam y Stalingrado, donde muy a pesar del poder bélico extranjero, la voluntad, identidad, cuestión religiosa, formas socioculturales del pueblo afgano, derrotan al imperio.

Se han emitido fotografías donde se aprecia un helicópetero norteamericano despega, similar a cuando ante la derrota militar por parte del ejército popular vietnamita, luego de la ofensiva del Tet, el 30 de abril de 1975 y muestra la embajada norteamerica en Saigon (hoy Ho Chi Minh) evacuada mientras era tomada. Un helicóptero trata de evacuar a los últimos once marines del edificio, mientras echa a volar y alguna persona desesperada trata de aferrarse al aparato. Eran los últimos once, que volaban hacia el portaaviones USS Kirk, tan saturado de aeronaves cargadas de refugiados survietnamitas que la tripulación no tuvo más opción que comenzar a empujarlas una a una hacia el mar, ya vacías, para hacer hueco. A bordo seguía el síndrome de Vietnam, que acompaña a la sociedad norteamericana y su ejército todavía hoy, cuatro décadas más tarde.

Afganistán ha sido el cementerio de los ejércitos más poderosos de los últimos siglos, que han tratado de controlarlo -con un aparente éxito al inicio de sus respectivas invasiones-, pero luego han tenido que huir del país.

Pero los imperios, sea el soviético, el británico o el estadounidense no han mostrado flexibilidad al lidiar con Afganistán. Quisieron y tuvieron que hacer las cosas a su manera y nunca lograron entender la complejidad del país. Un poder imperial que siempre pretende vender la idea ante su pueblo o el mundo, que son invencibles, por lo que sus películas como Rambo, así lo difunden en su propaganda. De la ficción a la realidad, es otra.

El colapso del gobierno afgano, después de que Estados Unidos invirtió miles de millones de dólares para respaldar a las fuerzas de seguridad afganas, le dieron un colofón violento a la misión militar norteamericana en su guerra más larga.

Se trata de una misión de combate que ha perseguido a cuatro presidentes, que significó múltiples bajas estadounidenses, enfrentamientos con un enemigo despiadado y tratos con un socio gubernamental afgano que solía ser corrupto y confuso.

Recordemos que semanas después de que Al Qaeda atacara a Estados Unidos el 11 de septiembre, el presidente George W. Bush anunció que las fuerzas estadounidenses habían lanzado ataques contra el grupo terrorista y objetivos talibanes en Afganistán.

Bush advirtió que los talibanes, que entonces gobernaban la mayor parte de Afganistán, habían rechazado su demanda de entregar a los líderes de Al Qaeda que planearon los ataques desde bases dentro de Afganistán. Dijo que tenía la intención de llevar a los líderes de Al Qaeda ante la justicia, y añadió: “Y ahora los talibanes pagarán el precio”.

Tal como el presidente ruso Putín calificó de “Democracia Cocacola” de pretender imponer un modelo político y económico a una nación totalmente distinta al modelo occidental, los resultados son evidentes. El problema no es la salida norteamericana, sino las consecuencias dolorosas que padece ya el pueblo que empezaba a ir adquiriendo una razón de convivir en un mundo distinto a los dogmas teológicos, sin perder su identidad cultural-religiosa, en cuanto a ejercer su derecho a ir construyendo una nación de mejores condiciones para presente y futuro. Vamos, lugar donde igual que en Irán, Libia, Siria, Jordania y otros países regionales, la mujer logra derechos de estudio, trabajo, etcétera, sin perder su identidad musulmana, por una postura totalmente dogmática como la Taibán.

El problema principal de la derrota norteamericana, debemos partir de que se impusieron en el margen de sentar unas bases de gobierno sin apego real social, que se fue corrompiendo, perdiendo identidad, así como formar un ejército afgano sin real preparación profesional, es decir, estaban mal dirigidas, mal pagadas y mal comidas, muy a pesar de que le dieron armamento sofisticado, si lo anterior no cubre su formación, el efecto es negativo: cuestión super básica en todo ejército. Sobre todo, capacidad de cuerpo, de identidad e identificación patriótica como social, como para estar dispuestas a defender su país, en razón de que un gobierno corrupto e impopular además de asumir la imposición política extranjera, fueron incapaces de enfrentar a los talibanes, quienes convocaron a grupos tribales afines.

Los talibán siempre estuvieron presentes en células de combate, en el mejor modelo guerrillero, aprovechando condiciones geográficas, para desarrollar diversas tácticas y estrategias de guerrilla, que también se infiltraron en las ciudades, donde se activaron con habilidad para combatir al supuesto “mejor ejército del mundo”.

Aunado a un ejército de papel afgano, los rebeldes no tuvieron obstáculo firme, muy a pesar de la ocupación extranjera con el beneplácito cómplice de la OTAN y sus países miembros que ven en Afganistán la corona de sus riquezas como el litio. No olvidar que el opio es el oro que usa el mercado negro para financiar fortunas a los mismos países que venden democracia, porque esos poderes económicos son los principales capos.

La supuesta democracia a la Cocacola, es en sí una hipocrecía cínica, al imponer su modelo frente a una cultura distinta, hipócrita porque en dos décadas de ocupación muy poco se ocuparon de los derechos de las mujeres y las libertades en general y ahora se rasgan las vestiduras. Hay amplia evidencia de que aparte de ciertas áreas urbanas, el país no avanzó en cuanto a los derechos femeninos, ni superó niveles de pobreza, y con una escolaridad marginal, sin hacer a un lado que el opio permitió ingresos económicos que cubren vacíos a nivel nacional, sobre todo en regiones marginales.

De nada sirvió los millones de dólares invertidos, si la pobreza, una mortalidad infantil es de las más altas del mundo y la esperanza de vida de las más bajas, nación que produce el  80 por ciento de la heroína del mundo, misma que se vende en estas naciones del capitalismo y vendedoras de la “libertad, democracia y progreso”. Así es el capitalismo salvaje.

El conflicto ha costado la vida a 47 mil civiles y 66 mil soldados y policías afganos, 51 mil talibanes y otros insurgentes. Han muerto casi 4 mil soldados estadunidenses y mil 100 soldados de otros países de la OTAN, sin calcular cuantos millones de refugiados en otros países deriva el daño que ocasiona el capitalismo salvaje norteamericano. Los atentados del 11/S, fue el pretexto de Washington para invadir Afganistán, para lo cual existía previamente un plan del Pentágono que buscaba hacer pasar por allí un importante gasoducto.

La recuperación del poder por parte del grupo Talibán en Afganistán (estudiantes en idioma persa y pashtun), es un hecho que preocupa a la comunidad internacional, y particularmente, de quienes están comprometidos con los derechos humanos en todo el mundo.

Para comprender qué motiva a este minoritario sector, pero altamente peligroso, se debe conocer su ideología, la que se contrapone sectariamente a las dos vertientes originales del Islam: sunita y chiíta, y por ende, opuesta al Islam, al tratarse de una innovación desviada de las creencias tradicionales de esta religión y modo de vida (bid’a). La fundamentación para este asunto surge a partir de la adherencia a la corriente wahabita (salafista) de los Talibán, la cual centra sus creencias sectarias, de naturaleza exclusiva y excluyente, al señalar que los musulmanes sunitas y chiítas son desviados, y están fuera de las “creencias islámicas”, debido a que sus prácticas devotas incurrirían en shirk (politeísmo), y vendrían siendo “impropias del Islam ancestral de los salafi saleh” (compañeros bien guiados del profeta del Islam, Muhammad, la paz sea con él y con sus descendientes). 

A partir de este punto hay que comprender la naturaleza ideológica de los Talibán. De esta forma, con el acervo político de este grupúsculo terrorista, creado en los años 80 por la Agencia Central de Inteligencia del Gobierno de los Estados Unidos (la CIA) se buscaba luchar contra la Unión Soviética y el comunismo, injerencia que llevó a la implantación de un régimen religioso purista para 1992, una vez caído el Gobierno del expresidente Mohammad Najibulá Ahmadzai, lo que ocurrió a través del financiamiento y el soporte logístico que provino Estados Unidos, Arabia Saudita y Pakistán, principalmente, quienes patrocinaron  las andanza y las tropelías de los Talibán, hasta su primera toma del poder en ese año, hasta 2001.

El arribo de los Talibán al poder en Afganistán es una prueba del cansancio de los pueblos de este país plurinacional, que no ofrecieron una amplia resistencia a esta minoría belicista, lo que demuestra la buena voluntad de los civiles, que en su mayoría quieren vivir en paz y en determinación cultural, pero que han sido sometidos a los caprichos de potencias extranjeras que buscan el lucro, ante todo. Ahora, es el factor del wahabismo talibán que preocupa a la población afgana. Muchos ciudadanos huyeron del país evocando los años duros del régimen purista, que usa a la religión como excusa para someter económicamente a la mayoría.

Estos aspectos, y actual estatus nacional afgano, motivan distintas preocupaciones inmediatas, tales como: la amenaza a la libertad de opinión de la población, el libre ejercicio del periodismo de las y los periodistas, los derechos básicos que habían alcanzado las mujeres, la revictimización del pueblo afgano, las garantías de los derechos de las identidades religiosas de las mayorías sunnitas y chiítas, la inseguridad social y económica del pueblo afgano, y la reexportación de drogas por parte de los Talibán a Europa y Estados Unidos, usando como corredor a Pakistán.

Ya sea Irán, Libia, incluso la misma China, Siria, país que ha sido asolado por los mismos elementos ideológicos wahabitas que hoy llegan al poder en Afganistán, país que puede ser empleado para bases terroristas y exportarlas contra esta triada de países, los que han sufrido el terrorismo en sus propios territorios: Rusia; por los grupúsculos separatistas wahabis en el Cáucaso, China en la provincia autónoma de Xinjiang; por el movimiento separatista uigur del Turkestán, y la República Islámica de Irán, que se enfrenta constantemente a este tipo de movimientos wahabitas, archienemigos jurados de la nación persa. Voluntarios iraníes han concurrido a Siria en ese empeño antiterrorista, algo muy oculto por los medios corporativos de comunicación, quienes están comprometidos con los intereses económicos de los consorcios exportadores de armamento. Por poner un caso más cercano, México ha demandado en los propios Estados Unidos a los fabricantes de armas, lo que nos ayuda a contextualizar lo que pasa en este caso.

En fin, los Talibán promueven que ya serán más moderados, que respetarán a las mujeres, así como derechos humanos, pero, las ejecuciones están a la vista, fundamentando o reforzando la opinión general a fortaleciendo su temor contra el radicalismo dogmático, conscientes de que ya no existe futuro y sí el terror y muerte social y física. De ahí la urgente necesidad de exiliarse, de buscar desesperadamente refugio en el mundo. Las escenas en el aeropuerto de Kabul, donde miles de personas pretenden fugarse vía aérea, con rostros desesperados y angustia profunda, donde el temor es ya desmedido. Miedo que obliga a abrir puertas a lo desconocido, con la esperanza de vivir, a desprenderse de lo que no se pudo lograr en una nación que el poder económico capitalista se redujo a buscar beneficio propio, jamás para un pueblo.

El hecho de que se conocen las primeras represiones a protestas, como la desarrollada en favor de la bandera nacional afgana en la ciudad de Yalalabad, provincia de Nangarhar, donde hubo al menos tres muertos, diversos heridos, detenidos y amenazas contra los periodistas del medio de comunicación local Pajhwok, que trataron de cubrir los motivos de la movilización, saldada con víctimas, cuyas armas disparadas por los talibanes, han sido dejadas a granel por Estados Unidos y por algunos países de la Unión Europea, responsables activos y pasivos en este nuevo suplicio para la sufrida nación.

La falsa guerra contra el terrorismo, empredida por los Estados Unidos, la Unión Europea y los consorcios belicistas: Lockheed Martin – Northrop Grumman – Boeing – General Dynamics –
Raytheon, solo trajeron desdicha, destrucción y pobreza para el pueblo afgano, mostrándose como los supuestos “salvadores” durante años, mientras les robaban sus recursos a través de la instalación de títeres disfrazados de demócratas; raya para la suma, el prófugo Ashraf Qani, hoy residente en los Emiratos Árabes Unidos, luego de su escandalosa huida hacia Tayikistán y Uzbekistán, quien junto a las potencias extranjeras estuvo durante seis meses preparando todo este escenario, tras bambalinas y pantomimas, para distraer a la opinión pública mundial, de tal forma que se relajaran las medidas y lleguemos al actual paradero.

Tal como se han ordenado todos estos factores estratégicos, políticos y económicos, obviando lo religioso, es altamente probable que los Talibán hayan pactado el reconocimiento del régimen israelí a cambio de buena prensa y garantías especiales; no de gratis la Unión Europea, sí, la misma que no reconoce al Gobierno electo de Venezuela, reconoce ahora al mismísimo Talibán, en la línea ideológica de otras monarquías prowahabismo como Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Marruecos, Baréin, Sudán, y Jordania, los cuales han reconocido, o dado pasos dinámicos, para reconocer al régimen israelí, en detrimento de Palestina; “quid pro quo”, frase latina que cabe perfectamente en este esquema. 

Los ojos del mundo están pendientes en Afganistán, de sus consecuencias y efectos, donde Estados Unidos y sus aliados se justifican cínicamente, en cuanto a su perversidad de siempre: desde el siglo XIX a la fecha, naciones van y vienen, el factor de explotar sus riquezas es el sello, así sea cometiendo genocidio, represión y saqueo de los pueblos. México una ves más en la historia, la Doctrina Estrada cobra sentido.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

Analista político y de prospectiva social

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