El “Gordo” Ávila Camacho y Pioquinto

Una anécdota de cuando una Aduana en México era como un virreinato

Don Manuel Ávila Camacho (1897-1955) gobernó el país de 1940 a 1946.

Un día de gira por el país regresó a su tierra, Teziutlán.

Estaría en su región un par de días inaugurando obras y presidiendo comelitones.

La estancia breve en su Teziutlán de infancia, como es natural, le traía recuerdos, nostalgia. Le preguntó al presidente municipal en turno si conocía o recordaba a algunos de los compañeros de escuela del hoy presidente. El paisanaje fácilmente remitía a remembranzas comunes.

Preguntó por Pioquinto, “¿qué es de él… por dónde anda… a qué se dedica?”.

El alcalde le dio santo y seña. Aquél compañero de infancia presidencial hoy se dedicaba al campo. El presidente le pidió al alcalde que lo localizara y lo invitara a la comida popular del día siguiente.

El Estado Mayor Presidencial, que solía convertir en realidad cualquier deseo presidencial, por más difícil o caprichoso que fuera, se coordinó con el alcalde. Elementos de esa corporación se fueron a buscar a Pioquinto. Lo encontraron y le hicieron la invitación, cuasi orden presidencial.

Al día siguiente temprano fueron por él. Con ese rigor tan especial que tenían los militares, casi lo arrancaron de sus tareas campiranas. Una invitación así más parecía una comparecencia o un levantón que una convocatoria afectuosa a un convite.

Llegó el presidente Ávila Camacho al banquete, tomó su lugar y se disponían a servir el primer platillo, cuando preguntó por su compañero de lejanos tiempos escolares.

– ¿Qué pasó, invitaron a Pioquinto, lo encontraron…?

– Sí señor Presidente, aquí viene…

Hicieron la señal y acompañado por un elemento del Estado Mayor ya se dirigía hacia donde estaba el presidente. A unos tres metros de la figura presidencial, Pioquinto, entre asombrado, extrañado y eufórico gritó:

– ¡Gordoooo… mira a dónde nos venimos a encontrar…!!

Se fundieron en un abrazo y sonoras carcajadas. Los asistentes militares, los vecinos de mesa y demás autoridades enarcaron las cejas e hicieron gestos de entre reprobación y sorpresa por la inusual forma del reencuentro…y sobre todo el saludo de Pioquinto.

Más de uno de los comensales masculló: “¿y éste igualado…?”

Pero el presidente pareció no inmutarse.

Pudo más el recuerdo, el reencuentro después de varias décadas, que la violación flagrante del protocolo tan rígido, tan almidonado de los usos y costumbres del poder de esos tiempos.

Comieron juntos los dos amigos y el presidente municipal hacía coro a los recuerdos de la entrañable pareja.

Convinieron en revivir esa vieja amistad arrumbada por el tiempo. Pioquinto volvió a ver al Presidente, pero ahora en Los Pinos. Al poco tiempo, fruto de esa relación y afecto, la vida cambió radicalmente para el provinciano amigo.

Se cumplió esa máxima tan mexicana: amistad que no se traduce en la nómina, no es amistad.

Para sorpresa de todos allá en la región de Teziutlán, Pioquinto fue nombrado Jefe de la Aduana de Tijuana, Baja California. En aquellos tiempos (casi casi como decía Renato Leduc: “cuando Dios era omnipotente y el señor don Porfirio Presidente…”) una aduana equivalía a casi un virreinato.

Pioquinto se fue a su cargo a Tijuana. La fortuna le sonrió generosamente, ni en sueños lo hubiera concebido. Al poco tiempo se llevó a la familia. Pasó a radicar en San Diego. Tenía casa en ambos lados. Los hijos estudiaron y le entraron a los negocios bajo la mesa del afortunado papá.

De la campirana vida, el hombre se convirtió en un mexicano acaudalado.

Ya jamás volvió a su terruño en la sierra norte poblana. Era fama que consiguió una riqueza inmensa, como se acostumbraba en esos tiempos de dinero fácil al amparo del poder… y con la bendición presidencial.

Y todo empezó con el famoso:

– “¡Gordooooooooo…”, como en afecto, así le decían a don Manuel en la escuela y en su casa.

Suerte te de Dios, que el conocimiento poco importa….

xgt49@yahoo.com.mx

Entrada siguiente

La OMS respalda el tratamiento contra el COVID-19 con un cóctel de medicamentos a base de anticuerpos monoclonales

Dom Sep 26 , 2021
El cóctel, recomendado solo para casos de alto riesgo de hospitalización o muerte, combina los fármacos casirivimab e imdevimab, pero está patentado. Ante su alto coste, un organismo de la ONU está negociando para bajar su precio para hacerlo más asequible. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado el uso combinado […]