Enrique Canchola: poesía y neurociencias

La obra del científico mexicano mira la poesía desde el estudio multidisciplinar del cerebro

Consiento que los alacranes no tengan alas…

Abel Pérez Rojas

Enrique Canchola Martínez (La Moncada, Guanajuato. 1950), estudioso en neurociencias, es un científico mexicano que cada vez más gana terreno en el arte de hacer visible, desde su expertiz, aquello de lo cual habitualmente los investigadores de su tipo no se ocupan.

Canchola Martínez –El Brujo Mayor como fraternalmente le llamo–, aborda desde sus conocimientos, lo mismo la autopoiesis en el arte, que el chamanismo como evolución del cerebro y la consciencia, o el «cerebro poltergeist», o la profunda interrogante: ¿por qué al cerebro le resulta más fácil aprender que olvidar?

La tarea que Enrique se ha puesto a cuestas de visibilizar desde las neurociencias todo aquello que se le ponga enfrente, es sólo un complemento de su inquebrantable convicción de espolear la razón de quien caiga en sus redes.

Su actitud provocadora no es nueva, siempre anda a la búsqueda de detonar un debate a la primera insinuación. Así es desde que lo conocí hace aproximadamente quince años en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En aquellos ayeres yo participé como profesor en una formación impartida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO – México) y el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE), a investigadores y catedráticos del Departamento de Biología de la Reproducción.

Entre un grupo de veinte especialistas, Enrique Canchola destacaba por no rehuir debate ni intercambio alguno. Eran días en los cuales Enrique se constreñía a escribir, investigar y compartir solo para las mentes avezadas en temas neuronales.

Pero, todo cambió cuando El Brujo Mayor fue infectado por los principios de la educación permanente, porque desde entonces, comprendió que las ciencias deben asumir un compromiso social con el mundo que le rodea, y que, la poesía es una especie de fulcro que mueve montañas.

Una vez “contagiado” por la poesía, Enrique reorientó sus programas mentales y se colocó en estado poético permanente.

Es muy probable que su primer artículo en el cual empieza a vincular la poesía, las neurociencias y el liderazgo emanado desde la educación permanente, sea: El Poeta Abel Pérez Rojas. Avatar de Sabersinfin.com (https://bit.ly/2XSqknv) (8/IX/2010).

Aunados a sus análisis, hubo un par de años que escribió casi a diario al menos un poema.

Quizá sin darse cuenta marcó su nueva línea de acción con su poema Me quedo y lucharé (16/IV/2011):

Me quedo y no callaré. / Me quedo y gritaré. / Me quedo y lucharé/por este país que heredé,/ me quedo y trasformaré/ este dolor sangrante/ en paz y armonía permanente/ que pueda heredar a mi gente./ Me quedo y cambiaré/ este divino país que heredé./ ¡Me quedo y contigo lucharé!

Fue tal su asiduidad poética que ya no hubo retorno para Enrique.

Él continuó con sus investigaciones científicas, abrevó de la poesía, en particular de la erótica y poco a poco encontró como área de oportunidad la visibilización de la poesía desde las neurociencias.

Enrique ha escrito poemas y prosa poética a partir del funcionamiento cerebral, y lo ha sintetizado muy bien, como lo conseguido en La poesía es una experiencia psico-social (21/III/2021):

La poesía es como la mano de una mujer que te lleva con amor y pasión por la vida, es el espejo donde se mira el cerebro, es el bucle donde germina la conciencia. / Es el constructo mental expresado en palabras que construyen los versos y poemas. / Es la que tiene la virtud de abrir las puertas de la percepción física, vital y espiritual…

En mi artículo Poesiterapia: la poesía cura y sana, registré algunas de sus palabras con su suma lucidez: “la poesía verdadera produce liberación de neurotransmisores que activan los circuitos cerebrales del placer y la recompensa; también, la poesía tiene la capacidad de incrementar los niveles de encefalinas y endorfinas, con lo cual se disminuye el sufrimiento y se incrementa la esperanza del vivir.”

Es muy probable que su primer artículo en el cual empieza a vincular la poesía, las neurociencias y el liderazgo emanado desde la educación permanente, sea: El Poeta Abel Pérez Rojas. Avatar de Sabersinfin.com (https://bit.ly/2XSqknv) (8/IX/2010).

Aunados a sus análisis, hubo un par de años que escribió casi a diario al menos un poema.

Quizá sin darse cuenta marcó su nueva línea de acción con su poema Me quedo y lucharé (16/IV/2011):

Me quedo y no callaré. / Me quedo y gritaré. / Me quedo y lucharé/por este país que heredé,/ me quedo y trasformaré/ este dolor sangrante/ en paz y armonía permanente/ que pueda heredar a mi gente./ Me quedo y cambiaré/ este divino país que heredé./ ¡Me quedo y contigo lucharé!

Fue tal su asiduidad poética que ya no hubo retorno para Enrique.

Él continuó con sus investigaciones científicas, abrevó de la poesía, en particular de la erótica y poco a poco encontró como área de oportunidad la visibilización de la poesía desde las neurociencias.

Enrique ha escrito poemas y prosa poética a partir del funcionamiento cerebral, y lo ha sintetizado muy bien, como lo conseguido en La poesía es una experiencia psico-social (21/III/2021):

La poesía es como la mano de una mujer que te lleva con amor y pasión por la vida, es el espejo donde se mira el cerebro, es el bucle donde germina la conciencia. / Es el constructo mental expresado en palabras que construyen los versos y poemas. / Es la que tiene la virtud de abrir las puertas de la percepción física, vital y espiritual…

En mi artículo Poesiterapia: la poesía cura y sana, registré algunas de sus palabras con su suma lucidez: “la poesía verdadera produce liberación de neurotransmisores que activan los circuitos cerebrales del placer y la recompensa; también, la poesía tiene la capacidad de incrementar los niveles de encefalinas y endorfinas, con lo cual se disminuye el sufrimiento y se incrementa la esperanza del vivir.”

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