La sucesión gubernamental en Puebla

Existen una multiplicidad de factores que se habrán de resolver antes de la elección que lo defina

El camino para suceder al gobernador Miguel Barbosa es aún largo. No obstante, es de humanos aventurar pronósticos.

Personas y grupos ofrecen escenarios variados. Lo único cierto es que, como cualquier otra sucesión, existe una multiplicidad de factores, obstáculos y condiciones que se habrán de resolver antes de la elección que lo defina.

Por ejemplo, se da por hecho que el presidente López Obrador es la opinión determinante de los candidatos de Morena en el país, y Puebla no será la excepción.

El gobernador en turno, en este caso morenista, es factor de opinión.

También reviste singular importancia la ponderación del clima político social en el momento de decidir.

Si se acepta que la política es el arte de combinar nombres, circunstancias y decisiones, estos tres ingredientes estarán en la olla en su momento.

El clima del estado hoy, como es lógico, no será el mismo en un año.

Hoy, por ejemplo, por Morena, el senador Alejandro Armenta es el hombre mejor posicionado. Tiene un sitio nacional relevante, se mueve hábilmente en el estado, sin chocar con el gobernador; al contrario, pareciera que se cruzan señales para cada entrada, como en el beisbol.

Sin descuidar sus tareas en el Senado, hace amarres, alianzas, revive y fortalece sus relaciones con personas y grupos de su partido y de otros ámbitos, mantiene un discurso moderado y evita roces de cualquier índole. Ha madurado notablemente.

Le sigue el diputado Ignacio Mier, aunque la lectura de los medios indica que no figura en el ánimo del gobernador, sin que a estas alturas se pueda determinar si eso es bueno o malo.

En los días recientes su imagen no resultó indemne por el triple homicidio de policías en su natal Tecamachalco, donde su hijo es alcalde. Éste, en lugar de enfrentar el suceso grave, prefirió desaparecer del escenario, lo cual aumentó la vulnerabilidad de su gobierno y la liga paterna.

El gobernador actuó de inmediato y a fondo, vertical y con la ley en la mano, aunque con alguna consideración diplomática hacia el diputado.

El control de daños ha sido pésimo, de todas maneras.

Este hecho, le baja puntos en la tabla de posiciones al diputado Mier.

En el flanco de enfrente, el presidente municipal de la capital Eduardo Rivera, figura como el candidato potencial a futuro de los tres aliados PRI-PAN y PRD, aunque esto es un decir, puesto que el único preponderante es su partido.

El PRD ha perdido su registro en muchos estados del país y en Puebla no pasa de ser un grupúsculo sin peso alguno. El PRI no tiene un papel muy distinto. Empobrecido, desprestigiado, es sólo un membrete que usufructúa una extraña mezcla de individuos de muy discutible presencia pública.

Son afines entre ellos, por sus maromas en diversas instancias del poder, sin convicción alguna, pero con innegables habilidades para lucrar en puestos o desde el rótulo tricolor. Ahora mismo, vox pópuli los define como una camarilla bajo la batuta de Camarillo (Néstor) y Chidiac, pero realmente subordinados a la estrategia del gobernador Barbosa.

Por lo anterior, es evidente que el quehacer y destino de esta triple alianza tan impresentable está en las manos del gobernador, de manera que no tendrá fuerza alguna para mover la balanza en la sucesión.

En cambio, tras de Rivera sí se mueven grupos de empresarios con disposición de patrocinar esa candidatura, con la fórmula conocida: invertir ahora y cosechar a futuro.

Sólo que más de una vez se les ha atravesado el gobernador Barbosa. La ocasión más reciente fue el cambio de mesa directiva de Canacintra la semana pasada, donde el acto sacó chispas y dejó damnificados.

La lectura reciente indica que Rivera tendrá que poner distancia de por medio con ellos, so pena de enturbiar su relación con Barbosa, lo cual equivaldría al suicidio. Mal empieza la semana quien se muere el lunes, dice el refrán.

En este momento y en el mediano plazo, realmente no se avizora otra candidatura. No existen perfiles, trayectorias, imagen a nivel estatal y mucho menos liderazgo alguno. Eso lo sabe el gobernador y tiene claro que en unos cuantos meses no existe un elemento a quien estimular y proyectar sin el riesgo de crear confusión y quedar en el ridículo.

El gobernador Barbosa tendría un lógico compromiso con Morena, la razón de su presencia en el poder, y no honrar esa línea política o ideológica le podría crear un conflicto con el poder central. Eso indica la teoría, en la práctica cualquier cosa puede suceder.

Finalmente, la gubernatura de un estado, y la de Puebla, especialmente -que no es cualquier estado- ante la estrategia superior que es la lucha por la Presidencia de la República en el corto plazo, es algo que seguramente trasciende la capacidad de decisión del gobernador.

Tendría, lógicamente, opción para opinar, pero la decisión y operación son otra cosa.

Dicho de otra manera, el asunto es demasiado importante para dejarlo en manos de un gobernador. Así ha sucedido siempre, no tendría por qué ser una excepción ahora.

Volviendo al punto: la combinación acertada de hombres, circunstancias y decisiones, que no otra cosa es la política, requiere del factor tiempo y la condición humana.

Esperemos, veremos y diremos.

xgt49@yahoo.com.mx

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