Gloria en las Alturas

Con una alegoría a la Navidad, una revisión de la situación de México y sus personajes públicos

La predicción de un nuevo personaje que hará temblar al Imperio gringo, perdón, Romano y a clérigos no de fe social, hicieron que el emisario y siervo del Imperio, Herodes, apretara el látigo contra el pueblo, quien desatará persecución, porque Roma, que desde el año 63 a.C., había hecho de la antigua Judea un reino vasallo (que abarcaba Samaria, al norte y Edom al sur), adoraba a Herodes. Pocos monarcas se mostraron tan complacientes con el naciente Imperio Romano y tan solícitos en colaborar con él.

Un Herodes que había sido impuesto con mucho derramamiento de sangre por las armas romanas, y siguiendo por el hecho de que el monarca no tenía orígenes puros judíos, como quien dice, el Claudio X. González y Gustavo de Hoyos de aquél entonces.

La memoria histórica es clara, en cuanto a la corrupción y represor que fue Herodes, así como todo ello se unían los asesinatos de civiles, muchos de ellos ocurridos en las mazmorras de palacio ya desde inicios de su reinado, que se caracterizó por la eliminación sistemática de enemigos afectos al régimen asmoneo anterior. Actos comunes que se desarrollaron durante sexenios, sobre todo por el Salinas Herodes.

En el Evangelio de Mateo, en el Nuevo Testamento, aparece citado el profeta Miqueas, quien a finales del siglo VIII a.C. anunció el nacimiento del futuro rey de los judíos, el Mesías, en Belén, donde efectivamente nació Cristo, en una de sus grutas.

Herodes el Grande, rey de Judea auspiciado por los romanos, se había caracterizado ya desde inicios de su reinado por eliminar sistemáticamente a sus enemigos. Cuenta la leyenda que se sintió traicionado por los Magos de Oriente, quienes debían indicarle el lugar exacto del nacimiento de Cristo, determinado por una estrella. Pero un ángel se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para acabar con él. Herodes se sintió burlado y, completamente enfurecido, ordenó ejecutar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y en sus alrededores para intentar deshacerse así de Cristo. Este episodio truculento y fantasioso se conoce como la Matanza de los Inocentes y se recuerda el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes.

Claro que, para poder cometer tal infanticidio, Herodes recurrió a Pro Vida, a FRENAA y otras organizaciones derechistas, incluso, a Santiago Abascal, dirigente de Vox, quien anda desatado en América Latina, tratando de “asesorar” a derechistas y de miembros del Yunque, para “luchar contra los populistas y comunistas”, y así imponer la “democracia fascista”. Incluso, Santiago se asoció con panistas en México, coincidiendo con Mister X. González en objetivos. También se ha reunido con voceros de esta corriente, es decir, los intelectuales orgánicos, para acabarla de amolar.

Ya advertido José, en su refugio, tiene una conversación con su amantísima, que dice:

-Por fin, vuelves José. Ven, toma mis manos…

Acostada sobre el montón de pastura, María, la doncella se cimbra a los espasmos de las entrañas, tiritando al viento decembrino que se cuela por entre las piedras mal asentadas en el pesebre, allá en las goteras de Belén.

– Ánimo, compañera. ¿Sabes? Me tardé en la ciudad porque andaba con el iris de traerte tu arbolito de Navidad y adornarlo con esferas y luces, y escarcha y harto musgo y pelo de ángel. Pero caramba, digo, si hubieras visto esos precios. ¿Pues en qué ciudad fenicia vinimos a parar, María? ¿En qué impíos comerciantes de la Coparmex, Concanaco y demás nacos ha caído la Navidad? María, si hubieras visto las etiquetas del supuesto “Buen Fin…”

-Siéntate aquí. Coloca mi cabeza sobre tus piernas. Firme que guardas con júbilo la llegada de Jesús.

– ¡Por quién, si no es por ustedes dos, intentaba yo entibiar esta heladera de pesebre? Para que él no se hiciera una idea demasiado lóbrega de esta que será su tierra, porque ya habrá tiempo de que lo compruebe con todos los poros del cuerpo cuando suene la hora de los X. González, de los preventivos en el PRI (que ya se dicen de izquierda. ¿Sabrán su significado?), en el PAN y del mochado de conciencia de Jesús Zambrano, que es recurrente a renunciar a la izquierda para ponerse otra piel llamada “social demócrata”, tal como le dictó su patrón Mister X. junto con la Brigada Blanca de Provida y FRENAA y los agentes antiguerrillas del Yunque. Pero caracso (ay, perdón), anduve de un mercado a otro. ¡Arbolitos, María? Ni de plástico, ¿Pelo de ángel? Ni hablar. Que la escarcha es importada de Chignahuapan, y que si la inflación galopante que nos imponen los comerciantes, y que si una descapitalización que incide en costos de insumos básicos, tal como pretextan los varones del dinero, junto con los piratas vandálicos integrados en el Frente Cínico Nacional, pa’ su…

– Pon la mano en mi vientre. ¿Sientes la llegada de Jesús? ¡Casi llega, compañero! Creo que voy a gritar un poco. Quedito…

– Pensé, pues con esos precios ni Pedro, tendré que conformarme con un nacimiento a lo fregadón. Pero qué va: de comercio a comercio pura ventaja, pura codicia, puro mercantilismo trasnacional. Y un tal Santaclós que hasta se me revolvieron, me refiero a las coles del mediodía.

– ¡Alegría José! Repite conmigo: gloria en las alturas… Contempla ese cacho de cielo. ¡Ves la Estrella del Oriente? Su luz preside el alumbramiento. ¡Escuchas esos sones? Cítaras y sacabuches, pulsados por coros del pueblo.

-Y esos tejocotitos, y esa colación…

-Y que vengan todos a adorar al niño.

– No compañera, no esperes nada de los impíos. El espíritu de la Navidad ha sido y será para el paisanaje por el espíritu de identidad colectiva. En los vapores vinosos poco ha de interesarles un recién nacido. Mira a la distancia. ¡Contemplas esas calles iluminadas? Puro cuento, faramalla pura, alegría hojalateada con eso del cobro del DAP. Allá los pobres están más fregados que nosotros dos, los pudientes han sido sórdidamente manipulados para el consumismo y la cosificación. Olvídalos, María.

– ¿Oyes? Los cielos afinan espinetas virginales, celestas y flautas dulces.

– Así es, compañera. Ángeles, arcángeles y serafines se aprestan a cantar la gloria de ese que se desasosiega en tu vientre, del León de Judá al que las siete tribus de Israel sirven de escable; que viene a instaurar en la tierra el reino de verdad, la solidaridad, la justicia y el humanismo; la revolución, pues.

-Ah, qué desgarramientos…

– Ánimo; respira hondo, ayúdalo a bien nacer. ¿Ya? ¡Aleluya, camaradas! ¡Cristo ha nacido! Por los caminos resuenan los huaraches de pastores y rabadanes, recueros y trashumantes, de romero y el leñador. Caracso, digo, si al menos tuviera un poquito de no-es-café para recibirlos con algo caliente…

“Reposa, María, que Jesús ya está con nosotros. Ya en las alturas se delinea la escala de Jacob, ya paren los cielos, y la tierra se estremece; ¡Gloria al chamaco que tienes entre tus brazos! Anda, María, ábrete la túnica y dale tu leche que comienza a llorar…

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

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