La historia gris de la Puebla actual

No se avizoran en el horizonte obras o acciones alentadoras que eviten una historia deprimente

Si de escribir cada día la página de un libro hasta sumar 365 días se trata, la tinta de la escritura de la vida en Puebla es bastante gris.

En la realidad nuestra de cada día como que no se ven anunciosacciones proyectos que animen mucho la plaza. El gobierno estatal marca la pauta, desde luego, pero la melodía que surge es difusa. El programa del concierto no se conoce. Han pasado tres años y no se ve claro.

Desde luego, la pandemia es un hecho inédito que sacudió a todos y a todo.

Pero, superada la emergencia con sus perfiles dramáticos, no se avizora en el horizonte algo especialmente motivador; lo cual debería ser al menos una especie de luz de bengala con chispas de esperanzas o expectativas que llamaran la atención.

Se han dado sucesos y desavenencias del gobierno estatal con algunos sectores. Con la BUAP el roce quedó superado, no así con los empresarios, y el conflicto de la UDLAP sigue vivo. El asunto puede no ser de gran trascendencia, pero el impacto negativo en la imagen, sí lo es.

Los ajustes en el equipo de gobierno no paran. Hoy se habla de la inminente salida del titular del Órgano Superior de Fiscalización, tema rodeado de misterio, rumores, fricciones y mal olor. Y esa dependencia no es cualquier cosa.

Visto con sentido gráfico, es el medio de premio y castigo para los presidentes municipales. Por esa vía se les disciplina y enfila hacia objetivos políticos determinados por quien manda, pero también se les sanciona -vía revisión severa y cruda de sus cuentas públicas-, si no se pliegan a indicaciones que tienen que ver con la obra pública, los cargos subalternos o los planes del porvenir.

Es también una instancia donde corre mucho, muchísimo dinero. Ahí se negocian presupuestos, ejercicio de los mismos, se pagan o cobran favores para ajustar cuentas y se canalizan contratos de contaduría y otros rubros a multitud de beneficiarios.

Dada la importancia de esta dependencia, es inminente un ajuste en la titularidad. Aunque, lo que ahí se determine puede tener efectos reverberantes de pronóstico reservado. De paso se menciona como sustituto tras bambalinas a un hijo del extinto contador Rafael Moreno Valle Sánchez.

No hay visible obra pública. O si existe no se conoce en qué consiste.

También es pertinente anotar que no invariablemente, un gobierno se califica por grandes construcciones de sentido social. O, al menos esto no es el signo distinguido, positivo y aprobatorio de un gobernante.

Moreno Valle dejó incontables obras que, aparte de ser monumentos vivos de rapacería y corrupción, representan un boquete presupuestal que en buena medida ata las manos del gobierno actual. Las sangrías que de modo leonino se adeudan por las obras realizadas, representan fugas de decenas y decenas de millones cada mes. Y a la fecha no se ve la manera de cortar esa herencia maldita.

La sanción o persecución deseable, esperable y exigible de la banda que saqueó el estado en el sexenio morenovallista tampoco se ha visto; pudiendo ser un logro generador de aplausos y alentador de confianza, está ausente.

Si intención hubo de sancionar a aquellos beneficiarios del poder, todo murió en el intento. Y conste que pudo ser un trampolín extraordinario del nuevo gobierno, incluso para darle suficiente oxígeno de aprobación popular en todos estos años de sequía.

Ya sabemos que los discursos alimentan la esperanza, pero no llevan nada agradable al estómago. Y tampoco al ánimo.

El caso es que si bien una notable obra moral compuesta por decisiones de alta trascendencia, de orden ético, económico, de justicia social o de carácter administrativo, podrían ser la prenda de orgullo y brillo de la presente administración, esto tampoco está a la vista.

Y van tres años.

Lo deseable pues, es confiar que, a marchas forzadas, la mitad del sexenio que resta deje una huella de trascendencia para Puebla, ya sea en el orden moral o material, porque la grisura de los textos con que se cuenta la historia poblana cada día tiende a ser no sólo descolorida sino deprimente.

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