Desaceleración económica es un fenómeno global, señalan especialistas de la Ibero Puebla

Si bien el efecto negativo en la economía afecta a todo el mundo, corresponde al Gobierno mexicano impulsar iniciativas que promuevan finanzas familiares sanas y proyectos locales competitivos.

La mayoría de las economías del mundo han experimentado momentos de bonanza y de estancamiento durante las diferentes oleadas del coronavirus. Con una inflación que tiene el precio de productos como la carne y la papa por los cielos, los expertos comienzan a especular sobre una posible recesión en la economía mexicana con todas sus implicaciones.

Pese a ello, Miguel Ángel Corona Jiménez, académico de la Ibero Puebla, mantiene una visión más prudente del fenómeno. A su juicio, nuestro país atraviesa una desaceleración económica como consecuencia de múltiples factores. El principal es la covid, que ha impactado de manera significativa en la operatividad del aparato productivo global desde el cierre de actividades en 2020.

Como detalla el especialista, las empresas tuvieron que adaptar su oferta a las necesidades del momento: quienes hacían motores —ejemplifica— comenzaron a fabricar respiradores. La reapertura de los mercados obligó a los gobiernos a estimular la demanda de bienes y servicios para reimpulsar el movimiento de capital. Así, las familias reanudaron sus compras principalmente en busca de productos básicos.

Sin embargo, el estímulo al consumidor provocó que la demanda se adelantara a las capacidades de la oferta; por lo tanto, los productos y servicios inflaron sus precios. “Los primeros trimestres del año creció la economía porque venía de niveles muy bajos, pero después se fue desacelerando. Una economía crece cuando se gasta, pero también cuando se invierte”.

Sobre este último rubro, Corona Jiménez destaca que los megaproyectos del Gobierno Federal continuaron como la principal apuesta para el desarrollo económico, particularmente de la zona sur-sureste del país. Desde su perspectiva, se trata de iniciativas que, si bien tienen costos ambientales y sociales, pretenden equilibrar las desigualdades históricas respecto al centro o al norte de México

Factores claves

La desaceleración era previsible. De hecho, diversos actores advirtieron que el país se precipitaba a un periodo de inflación desde el inicio del sexenio de López Obrador. Mar Estrada Jiménez, coordinadora de la Licenciatura en Economía y Finanzas de la IBERO Puebla, explica que la inercia negativa no ha encontrado alivio suficiente en la recuperación del 5% que tuvo el PIB en 2021.

Esto se debe en buena parte a las cadenas de valor internacionales. El mercado global provoca que, si un eslabón falla, toda la producción de un producto se vea afectada. “Esta desaceleración económica es producto de que la economía no se pudo recuperar de los cierres de actividades”.

Entre las decisiones tomadas por el Estado para evitar golpes más severos de la situación económica mundial, Estrada Jiménez reconoce la decisión de no adquirir una nueva deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), medida que ya ha generado debacles importantes en el pasado.

Al mismo tiempo, señala que la administración actual debe impulsar mejoras en materia laboral y fiscal. La primera, porque la recuperación de empleos se ha dado en condiciones de informalidad o legalidad precaria; la segunda, porque los sistemas de contribución no benefician a empleadores potenciales y golpean el bolsillo del ciudadano común.

Sobre la inversión extranjera, considera que México no puede convertirse en una economía dependiente del capital foráneo. A ello suma Miguel Corona que los convenios internacionales como el T-MEC deben ser aprovechados para impulsar el desarrollo del país y motivar el compromiso de empresas extranjeras, pero sobre todo de las locales, con el bienestar nacional.

Si bien el efecto negativo en la economía afecta a todo el mundo, corresponde al Gobierno mexicano impulsar iniciativas que promuevan finanzas familiares sanas y proyectos locales competitivos.

La mayoría de las economías del mundo han experimentado momentos de bonanza y de estancamiento durante las diferentes oleadas del coronavirus. Con una inflación que tiene el precio de productos como la carne y la papa por los cielos, los expertos comienzan a especular sobre una posible recesión en la economía mexicana con todas sus implicaciones.

Pese a ello, Miguel Ángel Corona Jiménez, académico de la Ibero Puebla, mantiene una visión más prudente del fenómeno. A su juicio, nuestro país atraviesa una desaceleración económica como consecuencia de múltiples factores. El principal es la covid, que ha impactado de manera significativa en la operatividad del aparato productivo global desde el cierre de actividades en 2020.

Como detalla el especialista, las empresas tuvieron que adaptar su oferta a las necesidades del momento: quienes hacían motores —ejemplifica— comenzaron a fabricar respiradores. La reapertura de los mercados obligó a los gobiernos a estimular la demanda de bienes y servicios para reimpulsar el movimiento de capital. Así, las familias reanudaron sus compras principalmente en busca de productos básicos.

Sin embargo, el estímulo al consumidor provocó que la demanda se adelantara a las capacidades de la oferta; por lo tanto, los productos y servicios inflaron sus precios. “Los primeros trimestres del año creció la economía porque venía de niveles muy bajos, pero después se fue desacelerando. Una economía crece cuando se gasta, pero también cuando se invierte”.

Sobre este último rubro, Corona Jiménez destaca que los megaproyectos del Gobierno Federal continuaron como la principal apuesta para el desarrollo económico, particularmente de la zona sur-sureste del país. Desde su perspectiva, se trata de iniciativas que, si bien tienen costos ambientales y sociales, pretenden equilibrar las desigualdades históricas respecto al centro o al norte de México

Factores claves

La desaceleración era previsible. De hecho, diversos actores advirtieron que el país se precipitaba a un periodo de inflación desde el inicio del sexenio de López Obrador. Mar Estrada Jiménez, coordinadora de la Licenciatura en Economía y Finanzas de la IBERO Puebla, explica que la inercia negativa no ha encontrado alivio suficiente en la recuperación del 5% que tuvo el PIB en 2021.

Esto se debe en buena parte a las cadenas de valor internacionales. El mercado global provoca que, si un eslabón falla, toda la producción de un producto se vea afectada. “Esta desaceleración económica es producto de que la economía no se pudo recuperar de los cierres de actividades”.

Entre las decisiones tomadas por el Estado para evitar golpes más severos de la situación económica mundial, Estrada Jiménez reconoce la decisión de no adquirir una nueva deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), medida que ya ha generado debacles importantes en el pasado.

Al mismo tiempo, señala que la administración actual debe impulsar mejoras en materia laboral y fiscal. La primera, porque la recuperación de empleos se ha dado en condiciones de informalidad o legalidad precaria; la segunda, porque los sistemas de contribución no benefician a empleadores potenciales y golpean el bolsillo del ciudadano común.

Sobre la inversión extranjera, considera que México no puede convertirse en una economía dependiente del capital foráneo. A ello suma Miguel Corona que los convenios internacionales como el T-MEC deben ser aprovechados para impulsar el desarrollo del país y motivar el compromiso de empresas extranjeras, pero sobre todo de las locales, con el bienestar nacional.

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