Las sinrazones de las guerras

Hoy vemos a distintos actores quienes hacen la guerra, pero similares argumentos

Todos los imperios son iguales. Trátese de una potencia o un país con vocación imperial.

Por todo el globo han dejado su horrenda huella y es la misma identidad.

Van por riquezas y territorio. Y aplastan cruelmente a quien se les opone.

Es la vieja historia del más fuerte.

Han expoliado a África, a Asia, a Europa y por supuesto a América.

Desde los tiempos de la espada hasta los tiempos de los misiles y drones explosivos.

No son únicamente gobiernos o dictadores. Son alianzas de grandes comerciantes inescrupulosos que utilizan el escudo de los gobiernos.

Van aliados. Muchas veces lo han hecho confabulados y bendecidos.

A nombre de dios o de la “democracia”, de la “libertad”, de “la seguridad nacional”.

Su instrumento es la maquinaria de la guerra.

Los señores de la guerra no se sacian nunca. Urden conflictos, enemigos, provocaciones, reclaman derechos y cobran vidas.

Su manera de operar es ubicua.

Esgrimen que les hundieron un barco, que se fragua una mortífera conspiración, que aquél posee armas químicas, que desafían fronteras o poderes.

Las sinrazones de la guerra son las mismas y son antiguas.

Este país nuestro lo sabe bien.

Los mexicas como parte de la triple alianza sojuzgaban a muchos pueblos tributarios.

Los peninsulares llegaron con la cruz y atrás la espada.

Decían que venían a convertir infieles pero su dios real era el oro, por eso venían.

Francia dejó aquí su huella de sangre y trajo un príncipe austriaco.

Estados Unidos nos invadió y arrancó casi medio país.

Los yankis han invadido múltiples naciones predicando la “democracia” y su estilo de vida.

Igual lo han hecho los ingleses, franceses, chinos,  alemanes,  rusos…

Todos arguyen razones que resultan sinrazones.

Dominan territorios, destruyen vidas, se llevan minerales, especias y toda clase de recursos.

Suelen decir que liberan, traen la cultura, modernizan, civilizan,  se defienden, democratizan.

Siempre se cuidan de no llamarle lo que realmente es, saqueo, explotación, colonización, matanzas.

Cholula, Guernica, Argelia, Vietnam, Checoslovaquia, Irak, Dominicana, Panamá, Afganistán, Ucrania…

Son unos pocos de tantos trofeos de guerra de los imperios, de los señores de la guerra, de las insaciables élites que con bayonetas, tanques, aviones y mortíferos instrumentos aniquilan pueblos y naciones.

Se llevan el botín, dejan destrucción, calamidad, huérfanos, millones de vidas truncas para siempre, así rinden tributo a Marte.

Así se crean riquezas infinitas, capitales y bancos, multinacionales y Cresos.

Eso hemos visto a lo largo de los siglos.

Distintos actores, similares argumentos.

Los imperios ponen las armas, los pueblos ponen los muertos.

Con distintas modalidades y matices, eso vemos ahora en Ucrania.

Nuestro país lo sabe bien. Y lo sabe con la experiencia de su propia sangre.

La bandera norteamericana ondeó en Palacio Nacional.

Un joven emperador austriaco fue traído por mexicanos a gobernar esta tierra.

La ambición, la codicia, la voracidad, no conocen fronteras. Ni tiempos.

Tres frases para la reflexión:

“El oro y las riquezas son las causas principales de la guerra”: Tácito

“Siempre la mala paz es mejor que la mejor guerra”: Marco Tulio Cicerón.

“Cada gobierno acusa al otro de perfidia, intriga y ambición como medio de caldear la imaginación de sus respectivas naciones para llevarlas a las hostilidades”: Thomas Paine.

Las guerras son el calvario de las madres.

xgt49@yahoo.com.mx

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