AMLO frente a la revocación de mandato

Director General del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C.

Los mexicanos sabremos cuál es la calificación que obtiene el Presidente a la mitad de su gobierno

El domingo 10 de abril del presente año se llevará a cabo el primer ejercicio de la figura de revocación de mandato del Presidente de la República, en un proceso inédito que desde su anuncio ha despertado la polémica en opiniones encontrados, a favor y en contra, en las que el principal protagonista ha sido el Presidente, el Instituto Nacional Electoral y de forma secundaria la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Congreso de la Unión, los partidos políticos, de una incipiente oposición y la ciudadanía en general dividida entre quienes apoyan a capa y espada al Presidente y su gobierno, y quienes se han ubicado como sus críticos y opositores tanto a su gobierno como a sus acciones y errores que se han cometido a tres años de su llegada al cargo. 

Las voces que se han levantado a favor del Presidente, le justifican todo, y lo consideran como un líder a favor de los grupos marginados durante los gobiernos neoliberales, y por ello, hoy estos grupos seguramente saldrán a apoyarlo en forma abrumadora, ante el temor de perder los beneficios que han recibido de los programas sociales. La labor de los que apoyan al Presidente desde su partido Morena hasta los funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) que es lograr que se alcance el porcentaje que establece la ley para que los resultados de la consulta no sólo sean favorables al Presidente; sino que también se superen las expectativas y los niveles de participación para fortalecer la figura presidencial

Por el lado de los críticos y opositores al Presidente y al gobierno de la 4T se plantean dos escenarios posibles:

El no acudir a votar el día de la consulta para evitar se alcance el porcentaje que le dará validez al ejercicio; o bien ir a votar para que el Presidente no continúe en el cargo, con la esperanza de que esta postura sea la mayoritaria y alcance el porcentaje suficiente para que el presidente deje el cargo, lo que desde ahora se ve difícil de lograr dado que, si bien los niveles de popularidad de López Obrador han ido a la baja, no sé se vislumbra que se lograra un resultado negativo para él.

En el balance de algunos analistas, el Presidente aunque llegara debilitado a la revocación de mandato su imagen, aún con los escándalos que rodean a sus familiares e integrantes de su gabinete, quien es a pesar de los actos de corrupción de los que han sido acusados, incluso de algunos como la secretaria de Educación federal, Delfina Gómez Álvarez con una sentencia condenatoria, siguen contando con el apoyo y confianza del Presidente y se sostienen en los cargos, lo que contradice el discurso presidencial del combate a la corrupción, que los distinguiría de “no ser iguales a los gobiernos anteriores”.

Si a todo lo anterior, le sumamos los fracasos y errores cometidos por sus funcionarios, aún a los ciudadanos no les parece tan grave la situación como para votar por que se vaya el Presidente, lo que significa que la gran mayoría de estos grupos lo aprueba, aunque repruebe el trabajo y los resultados de su gobierno.

Por ello el 10 de abril, los mexicanos sabremos en forma certera cuál es la calificación que obtiene el Presidente a la mitad de su gobierno, lo que podemos esperar de los siguientes tres años que le quedan por gobernar, y que seguramente impactará en los resultados de las elecciones al gobernador que se llevarán a cabo en este año en los estados de Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, en las cuales de obtener el triunfo, los candidatos y candidatas de Morena y sus aliados, será por la labor del Presidente que, lo mejor que ha hecho en su gobierno es hacer campaña política a favor de su partido apoyando desde su cargo a sus candidatos y desde ahora preparando la elección de 2024.

Por lo que de algo sí podemos estar completamente seguros: que no modificará en lo mínimo su labor proselitista desde la silla presidencial, para asegurar que su candidato o candidata logre la continuidad de su partido y del programa de la 4T para el siguiente sexenio, ante la debilidad, falta de propuestas y líderes de la alianza de los partidos de “oposición” PRI, PAN y PRD, que aún no atinan a constituir una real fuerza política capaz de ganar al partido del Presidente los siguientes procesos electorales.

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