Feria del Libro BUAP, un mini estado policiaco

¡Qué manera de echar a perder una muy noble fiesta de la cultura y las letras!

Me invitaron a ser presentador del libro del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en el Edificio Carolino de la BUAP y acepté con mucho gusto. El otro comentarista fue el destacado economista Antonio Tenorio Adame.

Sólo que la experiencia estuvo rodeada de un clima nada propio de una universidad, y menos de la BUAP, cuya lucha por la democratización de las formas es larga y aleccionadora.

Para empezar, casi me impiden mi grato compromiso de leer y expresar mis juicios sobre el libro.

En un retén (puerta trasera del Edificio Carolino) definitivamente fui rechazado, no obstante que me preguntaron a dónde iba y a qué, luego de un bloqueo severo de dos damas de aspecto rudo.

En otros tres accesos pude pasar, tarea nada fácil. Tres o cuatro elementos de uniformes azul con verde se cierran en cada entrada, con el gesto decidido a no dejar pasar a nadie. Te piden santo y seña y… por fin, ¡vía libre!

La verdad ignoro si se temía un atentado, la toma del edificio o el acoso de algunos pandilleros; lo cierto es que más parecían los accesos a un antro de baile, o a un palenque, y no a un templo de la lectura y la cultura.

Lo peor fue el vestíbulo del Salón Barroco y la entrada misma de este: conté 14 elementos de seguridad con ostentoso clima policiaco.

¿Esto, en la BUAP, en el máximo recinto de actos culturales?

Lo peor vino después. A los asistentes a la presentación les pedían pases. Yo revisé el programa, pregunté al llegar y nadie sabía sobre ese ineludible requisito.

Total que a familiares míos no los dejaron pasar. Sólo después de suplicantes intentos lo consiguieron. A un amigo igual, trato de persona non grata. Tuvo que inventar que iba en condición de mi secretario para por fin acceder.

Como tanta gente he tenido la oportunidad de ir varios años a las ferias del libro de Guadalajara y de Minería en la CDMX, y jamás vi nada igual. Son la fiesta de la buena organización y de las letras. Estoy absolutamente convencido de que la organización y el   orden son compatibles. Que la seguridad con previsión y flexibilidad hacen magnífico trío.

No exagero. Recorra los pasillos del Carolino y notará una verdadera saturación de personal como operativo parapoliciaco. Cuéntelos. Son los de seguridad con una exageración y un celo que crean un clima opresivo. Ominoso realmente.

E insisto, eso, en un recinto que es ícono de las libertades y la lucha misma por la libertad, que yo vi y viví infinidad de veces como reportero; francamente resulta molesto e intolerable.

Recuerdo el caso de dos rectores de la UAP de ingrata memoria. Uno, pequeño en más de un sentido, cuya foto vi en la contraportada de un diario local, que en sus días de gloria miraba complacido como un ujier o guarura le ataba los cabetes de un zapato.

Otro, la personificación de la arrogancia, que viajaba con una cauda de camionetas de lujo llenas de guaruras, como si custodiaran a un dirigente petrolero o a un líder de cártel jalisciense.

Otro más, con un cortejo ligeramente menor que el anterior, pero con lenguaje corporal como queriendo imitar a un César romano.

En tales casos, sería explicable esa atmósfera parapoliciaca en los pasillos que por larguísima tradición exhalan cultura. Ahora no.

De la rectora, Doctora Lilia Cedillo Ramírez, tengo las mejores referencias; incluso los  primeros meses de su rectorado la retratan como una dama cuidadosa, sensible, atenta, austera, inteligente, culta y profesional.

Por esta razón, alguien o algunos a sus espaldas, no sé quién en la burocracia universitaria, le juegan las contras. O le mienten. El caso es que han organizado una feria del libro con un ambiente como de cuartel, sobrevigilado, con una cantidad excesiva y ostentosa de personal que impide un sano y libre esparcimiento por los corredores llenos de libros.

No me lo contaron; viví la experiencia.

xgt49@yahoo.com.mx

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