El triunfo y la derrota

Más allá de fobias y prejuicios, los hechos nacionales recientes merecen una lectura racional

La democracia es así. Es como la vida, a veces se gana, a veces se pierde. A veces se gana… a veces se aprende.

Sólo que las interpretaciones maniqueas o extremas buscan insertar su verdad y entonces recurren al engaño. Usan todo el tiempo recursos de manipulación y los medios se emplean como altoparlantes.

Y entonces hace falta leer, cruzar opiniones, cotejar puntos de vista y de ese modo intentar desbrozar la verdad.

Tristemente no todo mundo está en este empeño. Vastos sectores de la población navegan en el mar del desinterés; están en lo suyo, se desentienden casi totalmente de la vida del país.

Este terreno, como pasto seco, es utilizado para crear pequeños incendios culpando a unos o a otros, y buscando sacar provecho de la apatíaignorancia o de ese segmento de la sociedad que entre el prejuicio y las fobias compran toda clase de chismes hoy en la modalidad de memes.

Lo acabamos de ver, lo vemos aún.

Si se trata de obtener algunas lecturas objetivas de los hechos recientes, vemos que el Presidente gana una batalla y pierde otra. Lo natural en la vida pública.

Gana una consulta sobre su popularidad con una cifra apabullante de 15 millones de votos. Se le consultó a la gente si le revocaba (revocar: dejar sin valor) su cargo o lo mantenía. La oposición desató una guerra feroz para convertir la oportunidad en una repulsa al mandatario por dos vías: no asistir a votar o hacerlo porque se vaya.

Frente a la cifra que lo refrendó, la respuesta a los llamados incendiarios fue ridícula. Lo cual evidenció, una vez más, que los grupos adversos a López Obrador están más flacos que un jamelgo de rancho seco.

Cabe decir, sin embargo, que la convocatoria presidencial estuvo plagada de vicios idénticos a los que emplearon PRI y PAN todo el tiempo y, lo más importante: era innecesaria y terriblemente costosa. Inútil porque partió de una ocurrencia presidencial, pues absolutamente nadie en su sano juicio desea la separación abrupta del Presidente.

La consulta con tal propósito, también hay que remarcarlo, no es desdeñable en lo absoluto. Es una magnífica herramienta que se puede utilizar acertadamente en el futuro para evaluar decidir la suerte de un mal gobernante. Este recurso existe y lo emplean de modo regular muchos países.

Pero en este momento, es una torpeza haberlo utilizado.

De todos modos, el Presidente salió con un valioso cargamento de aprobación. Juzgar que la votación fue pobre en relación con los 30 millones de votos con que alcanzó la  Presidencia quizá no es correcta, puesto que una elección presidencial (y particularmente la que él ganó, y el momento en que lo hizo) es otra cosa bien distinta: es lucha de contendientes, desata competencia y pasiones, define el futuro y, la de hace tres años particularmente, fue crucial por la crisis gravísima del agotamiento de un régimen.

No procede la comparación de ambos procesos, sencillamente porque son distintos.

En el caso reciente, pierde el gobierno en el Congreso una votación. Y sin más subterfugios, así hay que decirlo y entenderlo. Las cámaras son para eso, para discutir, en el mejor de los casos debatir, y definir con votos propuestas diferentes, contrastantes.

El gobierno de antemano sabía de un resultado adverso, por no contar con los votos necesarios para definir un asunto por mayoría. Sus sumas no le alcanzaban y las alianzas eventuales que pudo hacer, eran también inviables. A ello, hay que agregar que manejó su iniciativa de reforma eléctrica de manera pésima, en lo político y en el terreno de la comunicación.

No calentó el ambiente ni trabajó el tema con sensibilidad y sagacidad en iguales dosis, nunca lo explicó con elocuencia ni recurrió a la magia de la propaganda inteligente para refrendar su visión de país en favor de los intereses populares. La oposición, esa extraña entelequia de desechos que dirigen algunos sectores empresariales y empresas extranjeras afectadas por el nuevo gobierno, ganó en votos, como era de esperarse, pero no el debate.

El Presidente con esta derrota recibe, si la sabe asimilar él y su equipo, una serie de lecciones de aprendizaje en el terreno de la lucha parlamentaria.

Pero es un resultado adverso en la cámara, en ese ámbito cerrado que muy poco realmente le dice al país.

No resulta acertada la lectura que quisiera hacer la oposición de este tropiezo si cree que realmente le provocó severos daños al gobierno de la Cuarta T. Dos sencillas pruebas de esto serían que la aprobación del mandatario ha subido a 63 puntos en fechas recientes, y que las encuestas de elecciones futuras en casi todos los estados del país en fecha próxima favorecen cómodamente a Morena.

Así que, más allá de manipulaciones, odios, fobias y prejuicios, es mejor intentar una lectura racional de los hechos recientes.

xgt49@yahoo.com.mx

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