Entre fobia y dogma

La fobia a comprender los problemas actuales es un dogma neoliberal a sus contradicciones mundiales

Para los teóricos del neoliberalismo de la posmodernidad que parte de posturas políticas e ideológicas de Washington, donde el orden mundial del globalismo dará resultados en el desarrollo de las naciones y sus habitantes, así como eliminar la pobreza, ante los hechos, tal teoría es dogmática y ya se encuentra en profunda crisis, tal como lo demuestra el conflicto entre Ucrania y Rusia, donde el capitalismo neoliberal no da muestras de poder imponerse.

El poeta ruso Fyodor Tyutchev (1803-1873) aseveraba: “Rusia no puede ser comprendida con el intelecto”, y quien en el siglo XIX se refirió a la discriminación y menosprecio del pueblo ruso como “rusofobia”, concepto nuevo que describía perfectamente el ambiente en ese tiempo.

El conflicto bélico en Ucrania es una cadena de intereses norteamericanos en una extensión de la llamada “Guerra Fría”, donde el derrumbe de la Unión Soviética se pensó que la nación más poderosa del mundo en lo económico y militar como lo es los Estados Unidos, lograría imponerse más en el mundo, así como su modelo neoliberal y globalista carecería de todo obstáculo, continuando con su política imperialista.

El neoliberalismo es la expresión viva del globalismo desde la década de los setenta se extiende con el nuevo modelo para imponer sus intenciones, fomentando la idea de que estamos frente a una situación inevitable, y que los estados no pueden hacer otra cosa que someterse. Por lo que les resulta lógica esa teoría en cuanto a que dice que es “bueno” aceptar que con una situación de libre comercio todo iría bien y que más allá de las condiciones actuales esto redundará en un “beneficio” para la mayoría de la población.

El neoliberalismo alcanzó cierto éxito con esta forma de presentar la cuestión, sin embargo, es falso que los estados no pueden hacer nada. Si bien es cierto que no está en su poder hacer todo lo que quiera con total independencia, nos encontramos en una situación intermedia: los estados pueden protegerse hasta cierto punto del funcionamiento del capitalismo transfrontera, pero evidentemente hasta cierto punto, y pagan un determinado precio por eso. A su vez, tenemos que no sea la primera vez que sucede la problemática es difícil y es una relación más compleja de la que se manifiesta.

El capitalismo en todas sus formas, con tal de hacer sentir poder y dominación, ha demostrado que pueden borrar los estados, ya sea imponiendo su capital económico para ahogar una nación, como imponiendo dirigentes a modo; si no es posible, entonces golpe militar o invasión. La historia de nuestras naciones subdesarrolladas así lo demuestran, por lo que el capitalismo utiliza a los estados y son tan necesarios hoy como ayer, pero al mismo tiempo esa etapa es parcial: se necesita a los estados y su lucha contra ellos. Es una situación mucho más ambigua y compleja.

El capitalismo requiere de materia prima y otros productos de naciones subdesarrolladas, imponiendo criterios de compra a su antojo, así como también inversión industrial y financiera, cuidando que estas naciones únicamente alcancen un desarrollo industrial y tecnológico dependiente, es decir, maquinaria productiva tecnológica con capital extranjero; también algunos sectores criollos participan del pastel, pero, se les va creando una mentalidad que “estimen” que su relación con el extranjero les hace “emprendedores”, cómplices dependientes del monopolio del poder, es decir, el compartirles un monopolio relativo, les imprime el valor absoluto de capital, pero las enormes ganancias es del inversor extranjero.

El capitalismo imperialista pasado y hoy neoliberal, invierten a largo plazo, calculando que su desarrollo tecnológico sea para solventar su inversión de mercado del monopolio. Su desarrollo tecnológico, pongamos un ejemplo, la computación en general, están conscientes que las necesidades mundiales son muchas, desde lo industrial, comercial, salud, educativo, etcétera, donde la eficiencia es preponderante, por lo que la investigación de actualización, la invierten en la necesidad mundial de dicho producto, sabiendo que nuestros países somos dependientes de la tecnología. Se cuidan de esa dependencia imponiendo criterios de limitaciones científicas y tecnológicas en nuestra investigación general. Claro que existe investigación y aplicación científica como tecnológica en nuestras naciones, pero ante el limitado desarrollo económico nuestro, alcanza para ciertas necesidades.

Recordemos la época de los videocasetes, ya sea Beta y VHS, donde la novedad logró un extenso mercado al productor y ganancias, siendo que Beta era más eficiente, por lo que lo importante no es la tecnología, no es la racionalidad es el monopolio, determinando que todo es legítimo, siempre que le permita al capitalista acaparar el mercado. Éste sabe que tarde o temprano va a ganar más capital.

El capitalismo se perfecciona con el neoliberalismo con nuevas estrategias políticas que puedan contrarrestar los efectos nocivos del sistema mundial sobre la periferia capitalista, imponiendo el monopolio como anclaje en medidas puramente económicas, también se necesitan decisiones y medidas políticas de poder coercitivo como el de los grandes estados mediante golpes de Estado y diversas presiones, sin despreciar su imposición de su modelo cultural y educativo, incluso de su lengua inglesa como medio de comunicación.

Otro efecto de imposición neoliberal a los estados subdesarrollados, como forma de contención y dominación educativa, ideológica y cultural, es ir inundando su modelo ideológico. Está visto que desde la década de los ochenta, el neoliberalismo impuso que el Estado debe adelgazar sus gastos en desarrollo y atención social, desde el campo, vías férreas, electricidad, petróleo, salud, donde lo más importante del “adelgazamiento” es educación. Los fondos educativos en todos sus niveles, sobre todo universitario, aduciendo que no se cuenta con fondos suficientes, no se pueden obtener resultados satisfactorios; de ahí el recorte y la baja de aceptación de alumnos. Todo para y por economizar, permitiendo el crecimiento de instituciones educativas privadas. La consecuencia es la ganancia del monopolio.

Tal objetivo de hacernos dependientes cultural e ideológicamente no parte del globalismo neoliberal, y sí de inicio de la década de los veinte del siglo pasado, donde estaba aún el proceso de la Revolución Mexicana, donde el imperialismo norteamericano, por experiencia que, en un momento dado, el pueblo mantendría dignidad para enfrentarse a ellos en otro momento. Es así que el 24 de febrero de 1924, el exsecretario de Estado de EUA, Robert Lansing, manda una carta a William Randolph Hearst en relación a la campaña de su cadena de periódicos para poner en la presidencia de México a un estadounidense y terminar con la Revolución Mexicana que amenazaba los intereses de las grandes corporaciones norteamericanas, principalmente petroleras.

México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente«, escribe Lansing y congruentemente aconseja:

«Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso conduciría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del liderazgo de Estados Unidos. México necesitará administradores competentes y con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la misma Presidencia. Y sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos, y lo harán mejor y más radicalmente que lo que nosotros mismos podríamos haberlo hecho”.

El efecto de tal objetivo se logra con la llegada de los tecnócratas desde Miguel de la Madrid, sobre todo con Salinas de Gortari a Enrique Peña Nieto.

En cambio, en la década de los veinte, el destacado diplomático e historiador Isidro Fabela, escribió un libro titulado Estados Unidos contra la libertad, en Madrid, en el que enfatiza la lucrativa naturaleza de la política de Washington en América Latina, basada en la Doctrina Monroe. Isidro anotó:

“…la diplomacia hispanoamericana no ha sabido o no ha podido penetrar profundamente y resolver con oportunidad el problema de su porvenir institucional frente a frente a Europa y de Estados Unidos…, en vez de afianzar más y más las relaciones mercantiles y políticas con Europa y Asia, la estrecha cada día más con Estados Unidos, sin detenerse a pensar que más hondos sean los compromisos sellados y los intereses que se creen con esa nación, mayor será el peligro en que se encuentra América española frente a la República del Norte, porque las exigencias de ese país serán tanto mayores cuanto mayores sean los capitales que finquen sus nacionales en Hispanoamérica. Al contrario, si los lazos se estrechan con las naciones europeas, éstas nos servirán de contrapeso en un momento dado, porque el defender sus intereses, podrán ser nuestras aliadas contra agresiones de los Estados Unidos”.

Isidro Fabela se adelantó al tiempo, porque el imperialismo norteamericano logra sus objetivos en México, sin gastar balas.

El cómo formula y sustenta ideológicamente su modelo neoliberal los grandes capitales, tendrá que ser mediante sus intelectuales orgánicos, con el fin de minar capacidad y racionalidad de crítica de nuestros pueblos, para que el individualismo supla a lo gremial, de lo contrario, el fantasma de la protesta en revolución, debe evitarse a toda costa. La fobia a las manifestaciones, a la protesta organizada social, debe ser detenida con su dogma del modelo Sociedad del Riesgo Mundial, donde se expone la individualización contra gremial.

Aspecto que en próxima colaboración daremos puntuación, junto con la crisis neoliberal en Ucrania, sin marginar Asia y China.

Referencia
Fabela. Isidro. Estados Unidos contra la libertad. Madrid, 1920

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

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