El lenguaje de los políticos

La vulgaridad y patanería dominan los escenarios políticos y los medios

Ciertamente no se le pueden pedir peras al olmo, ni guayabas al nopal.

Tenemos los políticos para los que nos alcanzó.

Por ahí de vez en cuando se encuentran garbanzos de a libra, como Reyes Heroles, González Pedrero, Carlos Alberto Madrazo, Heberto Castillo, Carlos Castillo Peraza, el jalisciense Lamadrid, incluso Ruíz Cortines, y Muñoz Ledo en su periodo clásico; y otros más, no muchos, que fueron una suma de talento y habilidades.

Brillantes, elocuentes, con modales y comportamiento de caballeros dentro y fuera del escenario político propiamente dicho.

Eran estudiosos, tribunos, personajes que en el discurso público, en una entrevista y prácticamente en cualquier plano, se desenvolvían con autoridad, respeto y hasta elegancia.

Pero hemos venido a menos en el país.

Han llegado individuos de una calidad muy mediana.

Se multiplica la mediocridad sin control ni medida.

Una prueba o forma de medir su estatura intelectual, entre otras, es escucharlos hablar.

Van de lo elemental o rudimentario a la vulgaridad más corriente.

Es cierto, no se puede pedir que todos sean expertos en retórica o solventes al abordar con propiedad las múltiples materias que les impone su responsabilidad, en un puesto o en un cargo de elección popular.

Aunque quizá deberían serlo, puesto que se llevan al bolsillo cientos de miles de pesos y terminan sus carreras con fortunas como la del Canelo Alvarez, sin exponer el físico como éste.

Pero no, nuestra paupérrima realidad es que llegan como saltimbanquis, cambiando de partido como de calzones. Su meritocracia es muy discutible, en la mayoría de los casos.

En muchos más, la materia gris es apenas como una untada de frijoles refritos de las gorditas de El Parral.

Fruto de la improvisación, carencia de estudios, huérfanos (sí, aparte de eso) de la disciplina autodidacta, llegan al poder intelectual y culturalmente como auténticos pilguanejos.

Escuchar hablar o debatir, o leer una entrevista de los personajes arriba citados, era una magnífica experiencia. Daban cátedra, dueños de un verbo y memoria excelentes, usaban el idioma con propiedad y hasta erudición, tenían referentes históricos a la mano, era un deleite observar su desempeño público.

De aquello a la actualidad hay un abismo, casi pasamos del ámbito parlamentario o académico al zoológico.

Imagínese usted las huellas pedestres que dejan al hablar tipos ordinarios como Diego Cevallos, Noroña, Cuitláhuac el de Veracruz, Gamboa Patrón en su momento, Javier Duarte, Xóchitl Gálvez, Roberto Madrazo, Salgado Macedonio, los hermanitos Moreira, Marín, Rubén Figueroa, y por acá en la aldea Jorge Estefan, Doger y otros elementos conspicuos de la variopinta fauna.

Pero desde luego, el campeón que en este momento llega como estrella refulgente, y con méritos propios ganados a pulso es el presidente nacional del PRI, Alejandro M(alito) Moreno.

Si sólo por su vocabulario hubiera que revisar su expediente parecería egregio aseador de “los establos de Augías”, con todo respeto para los operarios griegos de aquellas estercoleras.

En días recientes, fruto del espionaje y chismorreo entre partidos y gobernantes, este señor ha dejado un extenso muestrario de su muy pobre e insolente capacidad verbal.

Pero si esta es deplorable y bajuna, la otra riqueza, la que suena a metálico, queda expuesta como su único motivo y motor para estar en el ámbito político.

Sus conversaciones grabadas hablan de un manejo arbitrario, ruin y asqueroso de millones de pesos del dinero público, en ventas, compras, comisiones, chantajes y un mundo de trafiques, sobre todo a su paso por la gubernatura de Campeche, pero no exclusivamente de ello.

Es la degradación de la política con un ejemplar vivo y actuante.

Y este hombrecito, con otros que no le quedan lejos, ocupa escenarios, canales, redes y micrófonos con su tricolor uniforme, con ropaje de redentor para darle lecciones de políticamoral administración al pueblo de México.

Vaya, vaya…

Como dice la letra del tango “Cambalache”:
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro, pretencioso estafador,
todo es igual, nada es mejor,
lo mismo un burro que un gran profesor.

(*) Chorro: ladrón.

xgt49@yahoo.com.mx

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